lunes, 21 de marzo de 2011

Dìa 90, 91 y 92: Todo llega a su fin

La fecha se acercaba, esa fecha que parecìa que nunca iba a llegar, estaba llegando, asì que debìa disfrutar al màximo mis ùltimos dìas en Colombia. Asì que salì a todos lados, disfrute con la gente que allì habìa conocido la ciudad y su espìritu. Si bien el sàbado estuvo bastante tranquilo, el domingo fue pura emociòn. Lo primero que hice ese dìa fue levantarme màs que temprano e ir con Andres, la novia y Katherina a la basìlica del Niño Jesus, a cumplir una vieja promesa y a hacer un sueño realidad. Lo que allì vì fue impresionante y el fervor de la gente era ùnico. Creo que haber ido ahì me hizo muy, pero, muy bien. Pude llegar justo para el fin de na misa y el principio de la otra y debo decir que era un lugar donde uno querìa quedarse, la verdad, habìa podido cumplir mi meta. Al salir de ahì y recorrer gran parte de la ciudad, entrar a cuanta iglesia se podìa y ver el fantàstico museo del oro, las muestras allì eran muy lindas y el diseño del museo era muy interesante. Luego umos a comer, porque ya a esa hora el hambre era bastante. Y si bien estabamos cansados, nos tomamos tiempo para recorrer unas cuantas ferias y disfrutar del septimazo ( la clàsica carrera 7 que los domingo se convierte en ciclovìas). Luego fuimos a ver la ciudad desde lo alto en un barrio de gente humilde y ya luego si volvimos a hostal. Ese fin de semana abìa sido extraño, porque tanto Cirilo como Antonio se habìan ido el domingo a la mañana y sus ausencias se sentìan, a eso debìamos sumarle que tanto Katherina como yo, nos ibamos al dìa siguiente y hasta los Argentinos que habìan llegado por el fin de semana tambièn ya estaban partiendo, asì que solo quedaban Camila y Pancho. Todo era extraño en esos dìas y el clima feo no ayudaba. Todo el dìa lluvia y siempre gris. El lunes intentè cambiar unos dolares en vano y por suerte Andres me presto algo de dinero Colombiano para poder tomar un taxi y asì llegar al aeropuerto, en un poco màs de seis horas estarìa en Buenos Aires este viaje estarìa culminado. Ahora habìa tanto en que pensar y tanto por hacer, despuès de todo este viaje habìa terminado, pero otro empezaba....

viernes, 18 de marzo de 2011

Dìa 86, 87, 88 y 89: Todo Bogota

El martes a la mañana habìa llegado a Bogotà en un vuelo desde Panamá y si bien volar me pone muy nervioso y esta vez no habìa sido la excepciòn todo habìa salido muy bien. Lo primero que hice fue buscar un taxi e ir hacia un hostal que habìa encontrado dìas atràs en internet, al llegar, con cierto temor de no poder encontrar habitaciòn, logrè hospedarme. Dejè mis cosas y salì a caminar y conocer un poco la ciudad. Luego al volver, empecè a conocer la gente del lugar e intercambiar experiencias. Debo decir que el hostal era bastante lindo y acojedor y la gente que en el trabajaba era muy amable. Ese dìa estaba algo triste, despuès de todo el clima no ayudaba demasiado. Esa noche me ui a dormir temprano y al despertar, luego de almorzar salì con Pablo, otro chico Argentino, que allì se hospedaba, a conocer un poco màs la ciudad y sacar algunas fotos. Luego al llegar comì algo y sociabilicè bastante. En menos de 2 dìas ya formaba parte de un hermoso grupo de viajeros que se dedicaban a disfrutar la vida. Entre salidas y bares y charlas con gente linda fuì pasando mis dìas en Bogota. Nada nos privaba de disfrutar, ni cuando la policia cayò a las 2 de la mañana y encontrò a algunos de los chicos fumando marihuana y se los quiso llevar. Con el correr de los dìas ya conocìa la candelarìa y la buena energia de su gente. Si bien me faltaba conocer mucho de Bogota, ya esencia de esta ya era persivida en su totalidad. Como el tiempo me sobraba hacìa todo lo que se podìa, lugares històricos, monumentos, museos; vale alcarar que en Bogota hay unos 40 museos y ver todos ellos era muy difìcil, pero al menos algunos habìa llegado a ver; el que màs me llamò la atenciòn fue el de la policìa, debo decir, que fue muy entretenido y una muy linda experiencia. El viernes, al levantarme, ya no me sentìa bien, algo me habìa caido mal o simplemente habìa sido el frìo, pero lo cierto s que me sentìa mal, asì que decicì pasar todo el dìa en hostal, salvo por un momento en el que salì a despejarme un poco. El dìa no habìa terminado en el aire se sentìa la fiesta venir, aunque en mi caso todo dependia de como me sentirìa luego, de todos modos aùn me quedaban algunos dìas extras para disfrutar.

martes, 15 de marzo de 2011

Dìa 82, 83, 84 y 85: Del atlàntico al pacìfico, canal de por medio

El viaje desde Costa Rica a Panamà habìa sido màs que largo, sin contar el tiempo que perdimos en la frontera, esperando que el puesto de migraciones del lado de Costa Rica abriera, debo decir nunca habìa visto antes una frontera cerrada, por cuestiones como estas. Aùn asì lleguè. La primera impresiòn fue fuerte. La terminal de Albrook era bastante grande, mucho màs que las otras en la que habìa estado, ahì descubrì que todo era grande allì. Debo decir tambièn que Panamà me recordaba mucho a Miami, asì como a otras ciudades de los Estados Unidos, asì que en parte, era como volver a casa, que si bien no era mia, sabìa acojerme calidamente. Lo primero que hice fue contactarme con Boby, y buscando la vuelta lleguè hasta su casa, donde estaba esperamdomè con su amiga Leny y su perrita kim. Hablamos de todo un poco, me contaron sobre Panamà, sus costumbre y su modo de vivir la vida. Luego ya màs tarde fuimos a comer y por primera vez en unas semanas volvì a comer pasta, y si bien la carbonara que ordenè no era la mejor, estaba màs que feliz por comer algo que me gustaba tanto. Es misma noche, dimos unas cuantas vueltas por toda la ciudad y conocì un poco, lo hermoso de Panamà. La cantidad de edificios que tenìa y sus modernas instalaciones, volvìan a dicha ciudad un lugar exclusivo, pero muy ecconòmico. Al dìa siguiente, fuimos a conocer màs de la ciudad y sus alrededores, a disfrutar de un hermoso dìa, a pasar una tarde entre amigos. Mi estadìa en Panamà fue bàsicamente asì, conocer todo lo que se podìa y disfrutar; hacer compras y reocrrer esos lugares màgicos. Obviamente fui al canal y vì un barco cruzarlo, lo cual fue muy gratificante, solo comparado al hecho de que esa misma tarde ahì me encontrè con Raphael, uno de los màs grandes cantantes de la mùscia que ha dado España y por quien sentìa una gran admiraciòn. La sorpresa me causò una inmensa alegrìa. Antes de haber ido a ahì, tambièn habìa ido a la isla Amador, al casco històrico, lugar del que quede enamorado, por tanta belleza, no me privè ni un solo dìa de caminar por la cinta costera, que tanto me hacìa acordar a Puerto Madero y de disfrutar de la compania de Bob y Leny. Quiero aclarar tambièn que Boby, no solo fue muy gentil conmigo, sino que su sobrino es una de las grandes promesas del reggeton Panameño, a quien escuche en una entrevista por radio y contaban de sus experiencia, en Panamà y el mundo, su partener, hablaba de su relaciòn con la Argentina y de lo feliz que le habìa hecho cantarle a Mesi para su cumpleaños, y a quienes esperaba conocer cuando vayan a Argentina en los meses pròximo.
Las horas pasaban y me estadìa en tan hermoso paìs se acababa y me quedaba con las ganas de màs, porque la verdad la estaba pasando muy bien, pero como ya sabìa de antemano, debìa seguir, en poco tiempo tenìa que volver a casa, no sin antes ir a Bogota, destino final de mi travesìa. Asì fue, que la ùltima mañana en Panam, me levantè un poco nervioso, me dirigì al aeropuerto y volè hacia una nueva historia.

lunes, 14 de marzo de 2011

Día 80 y 81: Limón, el sur y más allá

A la mañana me levante como era de costumbre bien temprano y me prepare para lo que serìa un viaje corto, pero fructifero. Arme el bolso. Me dirigì a la terminal del caribe y me tomè un Bus a Puerto Viejo, en Limòn, al sur del paìs. El viaje fue màs que incomodo, sobre todo si pensamos que el micro se tardò dos horas màs de la cuenta porque debiò tomar otra ruta, dado que la que suelen tomar la estaban repavimentando. Aùn asì lleguè a Puerto Viejo, paso previo por Limòn, una vez ahì debì tomar otro bus que me llevarìa a Cocles, un pequeño poblado a unos seis kilometros de donde habìa arrivado. Parecìa que nunca llegarìa, pero lo hice, ahì en Cocles estaba Santiago esperandome. El habitaba en una hermosa casa azul en el medio de la selva a unos 30 metros del mar, vale aclarar que todo ahì era asì, hermoso. La paz era ùnica, los colores, los olores, todo. El Oasis, que parecìa necesitar en medio de tantas idas y vueltas. Durante ese dìa, caminè, disfrutè del lugar, comì y luego nos dedicamos a conversar durante gran parte de la noche. A la mañana siguiente, me levantè temprano nuevamente, como ya era costumbrè y salì a caminar, primero por la playa y luego por la carretera, que conducìa a todos los pueblos de la zona. Debo decir que caminè por màs de seis horas y si bien el sol estaba fuerte, me sentìa nuevamente como un niño, sin sentir al cuerpo quejarse. El resto del dìa, lo tomè pàra disfrutar de la paz, relajarme, descansar y dejarme llevar por el silencio. Al caer la nohce, luego de una rica cena, charlamos un rato y me fui a dormir, ya a esa hora, el dolor de garganta era fuerte, pero debìa seguir, no me quedaba otra. A la mañana siguiente el dolor era demasiado fuerte, y ese mismo dìa debìa salir para San Josè nuevamente, asì que fui a una farmacia, me comprè algo para calmar la situaciòn y salì a caminar por lo ùnico que me faltaba recorrer, de todos los poblados de la regiòn y me tomè el bus que me llevarìa nuevamente a San Josè. Al llegar, preparè el bolso, me tomè un tè y salì a la estaciòn de micros, para poder ir a Panamà. Allì me esperaba una nueva aventura.

Día 78 y 79: Todo San Jose

Ese día era domingo y me desperté temprano. Llamé a Ricardo, quien vendría por mi esa misma tarde en la terminal. Como tenía que esperarlo. Dejé las cosas ahí y salí a ver la ciudad. Pasé parte del día en un festival barrial que se hace todos los domingos durante esta época y por tres meses. Las familias, la fiesta, los recitales en vivo y la gente en sí hacía del día algo espcial y una muy linda experiencia. Caminé muhco eso sí, ví todo lo que pudé ver del área y comí en un muy lndo restaurante con vista a un hermoso parque, luego volví al hotel a esperar a Ricardo, que vino a la hora indicada y de ahí nos fuimos a su casa, donde me hospedaría el tiempo que pasará en San José. Luego de comer algo y charlar un poco, me fui a dormir, a la mañana siguiente, me levanté muy temprano como venía haciendo desde ya hace tiempo y decidí salir a conocer el casco viejo de la ciudad. Sus museos, el teatro nacional, los mercados, edificios más que bellos y todos esos lindos parques que daban buena vida a una ciudad tan particular como bella como es San José. Cuando la recorrida parecía haber terminado y como tenía tiempo de más, decidí ir a Cartago, a 40 minutos en bus de la ciudad capital, ahí pude apreciar la ciudad y sus alrededores, conocer la historia del famoso volcán y ver las ruinas de la iglesia central que fue destruida por un terremoto hace ya muchisimos años, debo decir, eso fue lo que más me impactó del lugar y a lo que más tiempo le dediqué. Si bien eran solo ruinas de un viejo edificio, eran maravillosas y vale aclarar que allí dentro había construido un heromoso jardín, lo cual lo hacía aún más lindo. Luego al termionar mi recorrido, volví a la casa, para cenar y preparar mi viaje a Puerto viejo en limón.

Día 76 y 77: De aca a alla

Era mi último día en Nicaragua y debía aprovecharlo al máximo así que dí vueltas, fui y ví todo lo que podía ver. Intenteé comprar alguans cosas en los mercados típicos del lugar y dsifruté de mi último día en dicho país. Luego llegué a la terminal de Tica bus para poder tomar a tiempo el bus que me llevaría a Costa Rica. Si bien estaba cansado, debía aún que afrontar un largo viaje. Debo decir que las fronteras feuron más que molestas, pero una veza más logré sobrevivir a ellas. Y si bien el viaje fue largo, me dediqué a apreciar el piasaje que separa ambas capitales. Al llegar, debí pasar la noche en el hotel que estaba al lado de la terminal. Como tenía tiempo fui a disfrutar un poco de la noche Costarricense. Ya más de noche y con un cansancio extremo me fui a dormir, esa noche dormí como no lo había hecho en mucho tiempo

domingo, 6 de marzo de 2011

Dìa 74 y 75: Todo Nicaragua

Me levante muy temprano y esperè a Denis, para empezar a concoer a fonde Nicargua, su historia y su realidad. Luego de esperarlo màs de lo pautado, llegò. Lo primero que hicimos fue ir a un volcan, el principal de la ciudad y observar desde arriba el crater (convertido en lago) y la ciudad, tanto la parte viejo como la nueva. Pude ver allì la antigua sede de gobierno, construida antes del terremo que la destruyò por comleto en el 31. La misma habìa sido reconstruida en su totalidad años màs tarde, sin embargo un mes despuès de fibnalizadas las obras un nuevo terremoto la destruyò por completo, fue el famoso terremoto del la noche buena del 72. Me siento en la obligaciòn de decir que dicha tragedìa no solo destruyò la ciudad por completo, sin oque se diò justo a la medianoche, cuando todos estaban festejando la noche buena. La inmensa multitud que habìa en la catedral esa noche viò como esta se venìa abajo. La tragdia fue tal, que en Nicaragua nunca màs se volviò a celebrar la navidad.
Luego de recorrer lo que quedaba de la antigua Managua y de enterarme de su historia y su presente. De lo que hbapi sido el paìs y de lo que era. De las crisis polìticas y las guerras que durante màs de 20 años dejaron un montòn de muertos y muchisimas familais destruidas, nos fuimos a ver la parte nueva de la ciudad, esa que querìa crecer a pesar de sus imposibilidades. Recorrì mercados y vì todo lo que pude. Conocì gente ysus vidas. A la mañana siguiente, luego de hacer unos tràmites fuimos a Granada, la ciudad por excelencia de Nicaragua, la recorridmos en su totalidad y quede asombrado con tanta belleza y sus historias como la de la iglesia para los esclavos. Tambièn fui a Masaya, un pueblo casì indigena que esta entre Granada y Managua, del cual se dice, el 80 porciento de su poblaciòn es gay, lo cual me sorpendiò aùn màs. Luego de ver todo lo que pude y observar que toda Nicaragua esta sobre volcanes, me fui a dormir pensando en el dìa que tendrìa la mañana siguiente.

Dìa 71, 72 y 73: Dando vueltas por el caribe

Una vez que habìa logrado subirme al bus, me sentì mucho relajado, ahora empezaba mi travesìa por los paises centro americanos. Lo primero que tuvimos que hacer fue cruzar la frontera, la cual me sorprendiò, en particular porque descubrì que debìa pagar un impuesto para salir de Mèxico y otro para entrar a Guatemala. La verdad es que la idea no me caìa muy bien, pero no tuve otra opciòn que hacerlo, despuès de todo lo ùnico que querìa era salir de ahì y empezar a volver. Una vez resuelto el tema en cuestion cruzamos toda Guatemala. Lo que me habìan dicho de dicho paìs, no eran bunas noticias. Sabìa a esa altura, que la inseguridad y los probelmas con el narcotràfico eran un tema delicado, pero no tenìa otra opciòn debìa pasar por ahì si querìa llegar a destino. Por suerte y tras largas horas de viaje, llegamos a El Salvador, paìs del que no habìa tenido buenas referencias tampoco, pero para mi asombro el lugar a donde llegamos era bastante lindo y parecìa seguro, aunque a las diez de a noche todo cerrara. Ahì conocì a Sebastiàn, un chico Argentino que vive en Barcelona y con quien compratì la habitaciòn del hotel donde debìamos hospedarnos. Tambièn entable conversaciones con unas chicas de Francia y una de Alemania, luego se sumarìa a ese especie de grupo una chica de Asia. Luego de recorrer y buscar informaciòn me fui a descansar. A la mañana siguiente, ya temprano abordamos el pròximo bus que irìa a Nicaragua, no sin antes pasar por Honduras. Ya mucho màs relagado me aboquè a apreciar el piasaje, las fronteras a esta alturas me eran algo normal, sellar el pasaporte, cambiar moneda y estar sujeto a cualquier revisiòn era parte de la rutina. Por Honduras, paìs que debe su nombre por las ondulaciones del terreno, fue un tràmite fàcil y sin problema alguno y por suerte no debimos pagar impuesto alguno. No obstante cuando lelgamos a Nicaragua, tuve que pagar màs de lo que consideraba y esperar aùn màs de la cuenta para llegar a la estaciòn. Sin embargo cuando lleguè me sorprendiò que a peasr de la hora (eran las 6.30) todo ya estaba cerradao. Intentè buscar un telèfono para encontrar a quien me esperarìa en dicho paìs, pero no tuve èxito, como si fuera poco, en el camino y sin saber como perdì a las chicas de Francia y la de Asia, ùltimas sobrevivientes de nuestro viaje. Asì que sin màs remedio me tuve que quedar ahì, en el hotel que la empresa de buses tenìa y esperar hasta el pròximo dìa para poder encontrame con Denis. Tuve la suerte de que el chofer del micro me presto su celular y asì pude llamar a Denis, que me dijo que vendrìa por mi la mañana siguiente. Esa noche, me la pasè hablando con el chofer y los chicos que allì trabajaban, asì hasta que el cansancio me venciò y me fui a dormir. Al dìa siguiente debìa levantarme muy temprano para poder conocer Managua en su totalidad.

Dìa 69 y 70: El punto de partida

Ese sàbado me levante temprano, decidido a emprender la segunda parte de mi viaje. Debo decir quee stuve nervioso todo el dìa y si bien todavìa estaba a tiempo de cmabiar mi destino, decidì hacer lo que me habìa propuesto sin importar los resultados. Recorrì por ùltima vez San Cristobal, camine sin parar, fui a comer con Brenda, preparè el equipaje y me dirigì a la estaciòn de buses a comprar el boleto. Una vez comprado el mismo mis nervios se fueron a las nubes, estaba como loco. No habìa sentido algo asì en tanto tiempo. Por la tarde nos encontramos con Robert, quien me diò una pulsera que habìa comprado en Guatemala y me dijo que era para la tranquiladad, algo que sin lugar a duda necesitaba y mucho. Ya entrada la noche, junte mis cosas y junto con Robert y Brenda nnos fuimos a a estaciòn a esperar el bus. Al llegar me despedì. Subì en el sin saber muy bien a donde iba, ni porque lo hacìa. Debo decir que el viaje fue bastante largo y agotador. En el micro conocì un monton de gente que me preguntaba de donde era y que hacìa por ahì. Y sin bienel viaje era largo, por un momento logrè dormir algo, fue justo cuando tuvimos que detenernos en un puesto militar para una revisiòn. El uniformado que subiò al micro, no lo dudo y se avalanzò sobre el ùnico extranjero que allì habìa; es decir sobre mì. Luego de muchas preguntas y de revisar todo mi equipaje nos dejaron seguir con el viaje. Al llegar a Tapachula, ya casi en la frontera con Guatemala, mi cara demacrada me decìa que debìa descansar aunque mal no fuese por unos minutos, pero me era imposible, todavìa quedaba tanto por seguir. Como llegamos a las 4 de la mañana y el micro no salìa hasta las 7 debì esperar ahì por el tiempo que restaba. Cuadno el relloj marco la hora indicada y avisaron para abordar mi felicidad era total, sin embargo cuando me dirigì al omnibus para comprar el boleto, no me lo quisieron vender, muy a pesar de que me habìan dicho anteriormente que si lo harìan. Asì que como perdì el micro, debì permanecer todo un dìa en esa ciudad. Por suerte tenìa conmigo el telèfono de Nathali, una chica del lugar que se habìa ofrecido anteriormente a ayudarme. La llame y me dirigì a su casa, donde permanecì el resto del dìa, eso me diò tiempo de cambiar dinero, recorrer la ciudad y descansar un poco. Con su ayuda logrè tomar el bus que salìa al dìa siguiente y asì seguir con mi travesìa por centro Amèrica.

sábado, 5 de marzo de 2011

Dìa 68: En ruinas

Ese dìa me levante muy temprano y me dirigì a la puerta a esperar como habìa pautado a la combì que me trasportarìa hacia mi tours por la Palenque, la majestuosa ruina maya ubicada en Chiapas. Luego de mucho esperar pense que nunca llegarìa, fue asì que me fuì a buyscar un telèfono pùblico para llamar a la compañia y antes de marcar vì a la van de la empresa y la empecè a correr. Aùn sin poder creerlo la alcancè y me subì casi sin aire a la travesìa. LLegamos al tan deseado lugar unas cuantas horas despuès, y a peasr del alrgo viaje, nada ya importaba, porque estabamos en tierra prometida. Durante el viaje conocì gente lindisima, gente de toods lados, desde un profesor arriesgado de canada hasta una pareja mayor de Argentina que parecìan màs jovenes que yo. Ants de llegar a Palenque habìamos pasado por lugares maravillosos, que eran parte de la excursiòn y por un momento me sentì de nuevo un chico, jugando con el agua y con el peligro de la naturaleza como si no me importara correr riesgos, fue asì que camine por resbalosas piedras detras de unas cascadas y disfrute a pleno de un dìa de pura aventura. Al llegar al punto de destino, no pudo ser mejor. Escalar todas esas ruinas y ver el imponente lugar, su magia, su misterio, su historia y tanta naturaleza dando vuelta. Era de nuevo el chico màs feliz del mundo. Ahì estuvimos màs de dos horas recorriendo el lugar y conociendo su historia y jugando como hacia mucho tiempo no lo hacia. Al volver a la ciudad, y a pesar de que habìa estado muy triste por esos dìas, sentì una felicidad enorme dentro de mì. Creo que ese fue el dìa màs feliz desde que comencè mi viaje y no podìa dejarlo pasar asì nomàs.

sábado, 26 de febrero de 2011

Día 67: El gran cañon

Era mi primer día completo en Sn Cristobal de las Casas y no podía perder tiempo, debía hacer algo pronto así que hice caso a quienes sabían y me dirigí rumbo al gran cañon del sumidero, un parque nacional impresionante. No estaba muy seguro como llegar, pero con coraje y desición lo hice, fui hasta ahí y sin pensarlo me subí a esas pequeñas lanchas que durante dos horas te llevan a recorrer el imponente lugar. Lo primero que me cuaso sorpresa era que todos los que estabamos ahí hablabamos español, de hecho creo que todos, a exepción de mí eran mexicanos. Una vez arriba de la lancha, nos limitamos a disfrutar del paisaje y a escuchar atentamente al guia. La forestación era muy linda y no debiamos olvidar que estabamos en la selva. Desde la barca podiamos ver a los monos arañas así como a otras especies que allí habitan. Creo que una de las cosas que me dejo sorprendido es la presencia de cocodrilos. Habia demasiados cocodrilos y si uno no prestaba atención pasarían desapersivido. Eso debo decir me asuto un poco. Estar en una pequeña lancha con tantos animales dando vuelta, generaba un poco de temor. Descubrimos también que el punto más alto, ese que tiene mil metros de altura y una profundidad por debajo del agua de cien era el lugar escojido por los mayas para suicidarse cuando fueron victimas de los españoles. También vimos una altar en una pequeña cueva así como imagenes religiosa formadas por la geografía del lugar. Al regresas debo de decir que estaba más que contento, luego ya con tiempo me decidí a recorrer nuevamente y un poco más detenidamente la ciudad. A la noche fuí a ver a Robert, un amigo de Brenda, la chica que me daba hospedaje, que tocaba con su banda de Jazz en un bar local. Si el día había sido perfecto, la noche era mejor aún. El clima de fiesta se mezclaba con un poco de la melancolía que emanaba de la ciudad misma. Por un momento sentí que estaba viajando en el tiempo y recorde mis adolecentes años de curiosidad y profundas refelxciones. Ya entrada la medianoche, decidí ir a dormir, después de todo debía levantarme temprano, dado que al día siguiente me esperaba un plan más que interesante.

jueves, 24 de febrero de 2011

Dìa 65 y 66: La vuelta al infinito

El dìa habìa llegado, estaba nervioso, como era de esperar. Ese dìa debìa partir de Playa del Carmen rumbo a San Cristobal de las Casas para empezar la segunda parte de este viaje. Por la mañana camine muhco, escuhe mùsica como si fuese la ùltima vez en mi vida que tendrìa la oportunidad de hacerlo. A la tarde sin pensarlo me fui con Verònica e Ivan a la terminal de Buses. Espere màs de la cuesta pero el momento llegò. Tomè aire y aborde el micro, no sin antes despedirme de quienes me habìan acompañado. A pesar de que el asiento era incomodo, yo me sentìa bien. Contento por lo estaba haciendo. El viaje habìa empezado bien. Todo esta tranquilo hasta que llegamos al primer puesto de revisiòn, vale aclarar que en Mèxico hay muchos puesto militares de control. Al llegar a dicho lugar, un uniformado entro al micro y sin dudarlo se dirigiò al ùnico extranjero que allì habìa, es decir se acerco a mì. La demora tomo su tiempo y revisaron todo mi equipaje, al terminar su labor, yo enojado me subì al micro que prosigio su trayecto. Por momentos pensaba que nunca ibamos a llegar, me veo obligado a decir que el viaje durò 17 largas horas. Pero como todo llega a su fin, nosotros tambièn llegamos y una vez en San Cristobal, empecè a llamar a mi contacto para ver si podìa hospedarme con ella. Como no podìa encontrarla me vì obligado ir a un hostel, donde pasarìa la noche. Una vez ahì salì a recorrer la ciudad y disfrutar un poco, de lo que habìa a mi alrededor, debo aclarar que el dìa no ayudaba, el cielo no solo estaba gris, si no tambièn llovia. Luego con el correr de las horas encontrè a mi amiga y me trasladè a su casa, donde reseiderìa el resto de mi estadìa en San Cristobal. Ella me presentò a sus amigos y salimos a recorrer la ciudad, luego fuimos a comer a un lugar muy lindo cerca del zocalo para luego vovler a la casa. Esa noche me habìa ido a dormir muy temprano, dado que el cansancio me abatìa. El dìa siguiente tenìa planeado ir al cañon del sumidero.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Dìa 64: La ùltima cena

Era mi ùltimo dìa en Playa del Carmen. El ùltimo, y habìa tanta cosas para hacer. asì que termine de empacar, arregle algunas cosa, escribì, busque informaciòn. Debo decir que tambièn deje la compra del pasaje para ùltimo dìa y me dediquè a intentar disfrutar el resto del dìa. Y eso a pesar de que los nervios me comìan. No recordaba cuando habìa sido la ùltima vez que habìa estado asì de nervioso, por suerte tenìa a mi alrededor gente que me daba un poco de paz y me hacìa olvidar que en efecto era mi ùltimo dìa en Playa. Durante el dìa no hice mucho, para escapar de mis nervios, pero a la noche fui con gente amiga a playa a ver la luna y a beber bajo su sombra un poco de vino: En referencia a esto debo deir que la noche fue muy agradable y para ser mi ùltima noche en un lugar asì, era una hermosa postal. Esa noche me habìa olvidado de los nervios y me habìa soltado a disfrutar de la buena compañia y del paisaje perfecto. Luna, mar, noche y vino, màs no podìa pedir. No obstante cuando lleguè a la casa los nervios se habìan apoderdo de mì nuevamente. Faltaba poco para partir...

Dìa 62 y 63: El final de la primera parte

Las horas pasaban y el dìa clave se aproximaba. Sabìa que tarde o temprano debìa dejar Playa y continuar con este viaje. En unos dìas estarìa viajando a San Cristobal y dejando atràs mucho de lo vivido. Como era mi ùltimo fin de semana decidì aprovecharlo al màximo. Salimos, paseamos, bebimos, disfrutamos y jugamos como chicos, despuès de todo este viaje me habìa devuelto algo de mi infancia, algo que me era familiar, pero de antes, de mucho tiempo atràs. Era la primera vez desde que habìa dejado la adolesencia que viajaba con amigos; otra vez el mar, la playa, la gente, todo tenìa un aire de adolesencia, al menos de la mia. Recordaba como habìan sido mis vacaciones cuando era màs joven y en algùn punto era como volver a eso, de hecho este verano volviò a sonar en mi la màgic mùsica de Charly Garcia y volvì a encontrarme con quien fuera desde siempre mi màximo referente y volver a conectarme con el era conectarme con mi raìz. Todo era muy lindo, habìa un aire muy particular. Todo era extraño, pero familair al mismo tiempo. El domingo a la mañana decidimos rentar un auto y aprovecharlo a màs no poder. Asì que allà fuimos y sin pensarlo tomamos como dstino primero Coba, un hermoso lugar, que esconde a unas ruinas mayas y luego de psar gran parte del dìa allì, fuimos a comer algo junto a un lago, todos juntos como buenos amigos. A esa altura debo decir que todo era perfecto, hasta habìa desistido de tener mal humopr, por el dinero que habìa perdido esa mañana. No osbtante el dìa parecia acabarse y nosotros querìamos màs, asì que desde ahì nos fuimos a la playa de Akumal, a ver las estrellas, creo que muy pocas veces en mi vida habìa visto tntas estrellas. El paisaje era impresionante, pero no conformes de eso decidimos ir por màs y nos aventuramos hasta Puerto Morelos. Una vez ahì fuimos al muelle y nos sentamos en el final del mismo para poder observar el mar del caribe durante una noche de perfecta luna llena. Creo no mentir si digo, que ese gue uno de los momentos màs lindos que vivì en mi vida, era verdaderamtne una postal ùnica. Luego volvimos a la casa en silencio y nos fuimos a dormir relativamente temprano, la emociòn nos invadia y yo despuès de todo tenìa que preparame para el que serìa mi ùltimo dìa en Playa del Carmen....

sábado, 19 de febrero de 2011

Día 60 y 61: Buscando un símbolo de paz

El jueves había llegado y si todo estaba en orden debía partir ese mismo día a Cuba, pero al entrar el mediodia no tenía aún noticias de mi amigo cubano, ese que debía conseguirme los pasajes, así que empecé a deseperarme. Creo que nunca había estado tan nervioso en mi vida. Los minutos corrían y yo buscaba por todos lados al cubano que no aparecía. Al llegar la noche me dí por vencido y si bien al final logré hablar con el, supo que el viaje no se haría, así que no me quedo otra que relajarme y disfruar un poco más de Playa. Esa misma noche Fabio, un amigo italiano de Verónica llegaba a Playa para quedarse una semana y así visitar a su querida amiga. Si bien, todo se dio de manera muy extraña y recien a última hora pude resolver los últimos detalle de lo que vendría, creo que me había tranquilizado bastante y volví a focalizarme en lo que debía. Esa noche, con Verónica y Fabio comimos unos spaghetti con pesto que cocine y luego nos fuimos a descansar al día siguiente había tanto que hacer y tanto pr seguir disfrutando. Ese viernes salí todo el día, fuí a todos lados y al caer la noche, luego de comer nos fuimos todos a la playa a dsifrutar de una noche perfecta, ya por esas horas había olvidado mi tristeza por la cancelación de mi viaje a Cuba, ahora era tiempo de ver hacía adelante, algo nuevo me esperaba.

Día 59: El largo beso del Adiós

Ya había llegado el día decisivo. Tenía que despedirme de todos, porque tomaría nuevo rumbo. Era hora de ir hacía el sur. Debo de decir que estaba más que nervioso y un poco triste porque las despedidas siempr me ponen triste. De alguna u otra manera ya me había acostumbrado a estar acá. Así que ese día lo disfrute al máximo. Fuí primero a Tulum. Disfrute de sus increibles playas, de su agua azul y del paisaje mismo. Luego de nadar durante horas tomé la desición de visitar las ruinas Mayas que allí estan. Lo increible de eso es que además de ser preciosas estan junto al mar, o sea que uno puede visitarlas y luego nadar a sus pies. Hubiese querido que ese día no terminara nunca, porque realmente todo era hermoso y la estaba pasando mejor que nunca. Amaba Tulum y amaba estar ahí. No obstante lo cual, la noche empezó a caer y uno debía volver. Así que a la vuelta pase por el lugar donde trabajaba y arregle para salir a la noche. Luego llegué a casa y después de dar muchas vueltas y comer algo, emprendí rumbo hacía la que sería en teoría mi última salida en Playa del Carmen. Fuí hasta el trabajo a buscar a gene amiga y nos fuimos todos a La Fe, famoso bar al que solíamos concurrir. Luegode varias botellas, dimos unas vueltas y terminamos en la casa de Manolo, festejando una vez más la despedida, y a pesar de que eramos un grupo ya más reducido, el clima de fiesta no decaía y fue así que fueron pasando los minutos hasta descubrir que debía volver a la casa, después de todo al día siguiente debía partir a Cuba y eso ya sería otro viaje...

martes, 15 de febrero de 2011

Día: 53, 54, 55, 56 57, 58: Estoy verde!!!!

Estos días, no fueron normales. En menos de una semana, había dejado de trabajar, tuve muchas despedidas y mucho trabajo para hacer en relación a lo que me quedaba de viaje. Los nervios se apoderaron de mi. Así sin quererlo un día me di cuenta que ya no trabajaba y que tenía todo el tiempo del mundo para disfrutar de Playa del Carmen. Así que no lo dude y aproveche ese tiempo para descansar, ir a la playa, sacar fotos y recorrer lugares más o menos cerca como es el caso de Tulum, lugar paradisíaco si los hay. No obstante estaba muy nervioso y no tenía muchas ganas de hacer todo aquello que por tiempo ahora si podía hacer. La razón, creo que era simple; estaba muy nervioso y demasiado ansioso con el viaje que tenía por delante. Muchos miedos, preguntas y dudas al respecto. Por esos días intentaba calmarme y pensar positivamente. Buscaba información y escribía un poco, como para descargar mi tensión por algún lugar productivo, sin embargo mi mente quería otra cosa; quería desentenderse de toda la presión que esto me originaba. No era para menos, después de todo estaba otra vez haciendo una revolución, vale recordar que en último año había iniciado con una serie de eventos que en su conjunto eran toda una revolución en si. Me encontraba en un punto de inflexción desde hacía un tiempo y me había puesto como meta reinventarme. Un día me dí cuenta que el tiempo había pasado y que ya no era quien había sido, entonces no me quedaba otra que reiventarme en esta nueva era. La vida a los 30 no es la misma que a los 20, pero la esencia en algún punto era la misma. Ese camino que empecé a transcurrir un tiempo atrás era el que me había traído hasta acá y el mismo que me llevaría hacía el interior de este viaje. Con todo este panorama, no había duda del porque estaba nervioso, pero después de todo era el camino que había elegido. Ese camino que me conduciría de nuevo a mi. Un viaje interno para llegar de nuevo al punto de partida...

jueves, 10 de febrero de 2011

Día 48, 49, 50, 51 y 52: Todo un náufrago

El Sábado 5 había sido el cumpleaños de mi mamá, pero si bien intenté llamarla, no me pude comunicar, de todos modos le escribí, pero supongo que no es lo mismo. Siempre los cumpleaños de otros, en particular esos que me importa me encuentran lejos de donde suceden. La razón por la que no pude hablar era porque ese sábado había trabajado todo el día, luego ya de noche y al terminar había ido con mis compañeros a un bar llamado "la fe" a festejar mi partida del restaurante. A la mañana siguiente me levanté más que contento, sabía que era el último día que tenía que trabajar y eso me ponía feliz, luego vendría otra aventura que habría que afrontar. El domingo trascurrió de un modo muy particular, parecía que no quería acabar nunca, amagaba con hacerme el día eterno y no me soltaba. Ya de noche y liberado, caminaba por el centro de la ciudad con esa sensación agridulce en mi ser. Al llegar a casa, quise buscar más información sobre mi viaje, hacer más cosas, pero no podía, estaba cansado y algo triste. Intenté el lunes hacer lo mismo, descansar, escribir y buscar información, pero la cosa iba lenta, estaba muy cansado y no lograba concentrarme del todo, no obstante intenté aprovechar el tiempo a más no poder e hice de todo un poco. Después de todo tenía una semana para hacer y mucho, así que el miércoles me encontré con un amigo cubano (quien me daría información para mi viaje a Cuba), el martes, aprovechamos para ir a cenar a la casa de Sara, que me dio un montón de información sobre San Cristobal de las Casas (Uno de mis próximos destinos), me encontré con otro amigo también por esos días, fui a la playa y camine bastante, ya no por necesidad laboral si no por disfrutar del hecho de mismo de caminar. De a poco empezaba a centrarme y encontrar un camino de vuelta. Me costaba focalizarme en en lo que debía, pero hacía un esfuerzo y me escapaba de mi propio escape, para poder volver al camino...

sábado, 5 de febrero de 2011

Día 43, 44, 45, 46 y 47: Las cartas ya estaban sobre la mesa

Esa fue una semana muy particular. Las cosas, estuvieron bien por momentos y mal en otros. Las cosas en el trabajo parecían encaminarse al mismo tiempo que parecían irse al demonio. Para ser honesto estaba totalmente cansado de trabajar. No era el lugar donde quería estar y no era el modo de accionar con el que uno se maneja el que predominaba. Todos opinaban y todos querían tener razón. Todos se tomaban más atribuciones de las que se les daba. Mucho drama e histeria completaban el cuadro. La única solución era cortar por lo sano. Por suerte y de común acuerdo pudimos adelantar mi salida, lo cual me daba tiempo para poder trabajar en el viaje, así como para disfrutar un poco más de la ciudad y sus cosas, y por sobre todo me daba la paz necesaría al no tener que ir a trabajar más. Relamente el desgano producido, por la situación vivida, hacía que quisiera alejarme rápidamente. Debo ser honesto y decir que no me gustaban las cosas como estaban y al no recibir el apoyo que creía indispensable y frente a la situación que se presentaba, no me quedaba más alternativa que irme. Mi último viernes me fui a casa más temprano, y aunque al llegar no había nadie y tuve que esperar afuera porque no tenía llaves, y eso a pesar de que se largo a llover, no me importó, de hecho ya nada me importaba, estaba demasiado cansado, solo guardaba en mi la dicha de saber que en dos días más ya no estaría trbajando más...

lunes, 31 de enero de 2011

Día 40, 41, 42: Mientras miro las nuevas olas

Por estos días, las cosas estaban algo extrañas. Todo estaba bien, pero empezaba a sentir una vieja sensación, la misma sensación que sentí en mi viaje a Buenos Aires, cuando deje New York por última vez. El trabajo, la gente, lo que me unía con ese lugar, todo. En el ámbito laboral, las cosas funcionaban como siempre funcionan en un restaurante. Algunos problemas, algo de drama, alguna crisis, pero en si todo estaba encaminado. Sabía que era un lugar al que le podía ir bien y eso me hacía feliz. Aún así sabía que tenía que despegarme emocionalmente y enfocarme de lleno a lo que restaba de viaje. Había mucho por hacer. Mandar mails, buscar información, comprar algunas cosas y por supuesto escribir. A principio de mes empecé con una pieza teatral, que me había prometido terminar por estas fechas, sin embargo solo había llegado a la mitad, pero las ganas de producir y el futuro que me esperaba más adelante no me permitía dejar de escribir. A esta altura el vicio de la escritura no era una opción. El cansancio era mucho, pero esperaba mi día de descanso para poder hacer todo aquello que quería hacer... seguir disfrutando de mi viaje

jueves, 27 de enero de 2011

Día 38 y 39: La marea esta tranquila

Por estos días la marea esta bastante tranquila y en el trabajo las cosas también. El negocio había bajado, pero aún así todo estaba en orden. Empezaba de a poco a ver el horizonte y el futuro se aclaraba. Mi mente ya no estaba tanto en el ahora sino en parte en lo que venía. El viaje no había terminado y faltaba mucho antes de volver a Buenos Aires. Había tantas cosas que quería hacer, tanto de lo que quería disfrutar, que no sabía si me alcanzaría el tiempo. Por esos días me dediqué a buscar información, a escribir y a preparar todo lo que venía, me ayudó mucho el hecho de que las cosas en el trabajo estuvieran calmas, de a poco empezaba a desestresarme y a disfrutar del momento. Por momentos me producía tristeza dejar Playa del Carmen, pero sabía que no era un lugar para mi y debía buscar mi destino, mi futuro, ese que me esperaba en algún lugar del mundo. En un poco más de un mes, estaría llegando a la Argentina y ahí me esperaba una vida diferente, y por cierto muy agitada, aún así estaba muy entusiasmado con volver y embarcarme en esa nueva odisea. Después de todo estaba haciendo lo que quería y las cosas se habían dado como quería, así que no podía quejarme. Esa noche, una vez más, al volver a casa, me puse a escribir y a trabajar en lo que vendría...

martes, 25 de enero de 2011

Día 37: Atado a un sentimiento

Era lunes y a pesar que el día anterior no había sido bueno y que me había ido a dormir a las 4 de la mañana, me levanté temprano cuando Verónica me llamó. El plan era ir a Cancún y luego a Isla Mujeres. Así que no me importo que fueran las siete de la mañana y me preparé rápido, así podíamos estar ahí lo antes posible. Salimos de la casa y tomamos la van que nos llevaría a Cancún, luego de llegar ahí recorrimos un poco y fuimos a la playa. Al eso de las 11 decidimos tomar el ferry, que casi perdemos, hacía Isla Mujeres. Media hora más tarde estábamos llegando a un lugar cuyo encanto, era muy particular. El lugar parecía tener varias identidades a la vez. Muchas construcciones típica de una isla sureña, mucho de lo local, mucho del caribe y mucho de todo. El Sol era fuerte, el lugar encantador y el mar era de una belleza sin igual. Por alguna razón que desconozco, tengo una particular atracción hacía las islas, siempre me gustaron, tienen una energía muy especial que se conecta conmigo perfectamente. Tal vez por eso, ese, era un día perfecto. La gente, su armonía y su belleza me eclipsaba. Paseamos por todos lados y dedicamos una buena parte de nuestro tiempo a disfrutar del mar y del sol. Es importante decir que había olvidado ponerme protector solar, y quedarme dormido sobre la blanca arena, no había sido algo muy acertado tampoco. Aún así, era feliz. También encontramos un lugar para comer que había abierto un tipo de New York, y como la sangre tira, sin pensarlo fuimos a comer ahí. Volvíamos a comer ricos emparedados con pan pita. A esa altura debía ser más que sincero y confesar que era muy feliz, claro al retornar al muelle para embarcarnos rumbo a Cancún, nos esperaba una historia más. Habíamos llegado a tiempo, para no perder el último de los ferry que nos llevaría de nuevo a tierra firme, sin embargo este no había llegado y nos informaron que había cierta demora. Esa demora fue de 45 minutos, razón por la cual, la paciencia de la gente colapsó, no obstante la idea de subirnos a ferry era buena, sabíamos que después de todo, media hora más tarde estaríamos del otro lado. Para compensar nuestra espera, nos ofrecieron la barra de tragos, totalmente gratis, la cual supimos aprovechar. El viaje, era lindo y el paisaje desde alta mar también, sin embargo, quince minutos más tarde debimos, para nuestra sorpresa, retornar a Isla Mujeres, la razón era simple. Nos habíamos quedado sin combustible. Ante bizarra situación, no nos quedaba otra que reírnos, y a pesar que descubrimos que toda la tripulación estaba borracha, no nos importo, después de todo lo único que queríamos era volver. Así que entre tragos y buena música, volvimos festejando. Esa noche al llegar a la casa disfrutamos de una buena cena y compartimos, una vez más un lindo momento, todos juntos. Cansado, producto del día agotador que había tenido, me fui a dormir más temprano que nunca, sabía que al día siguiente debía ir a trabajar...

Día 36: Como perros y gatos

El Domingo asomaba y era un hombre feliz. Era mi último día de trabajo de la semana y luego tendría mi merecido descanso hasta el martes por lo menos. Las cosas habían empezado bien, algo lento, pero normal. A eso de las 5 de la tarde el Cubano decide renunciar, porque se había peleado con el galador, el mismo con quien había discutido días atrás. Eso me complicaba demasiado el trabajo, no solo perdía un empleado, y eso en ese momento era mucho, sino me quedaba con un solo camarero para esa noche. Las cosas, nunca son simples y por supuesto, esa noche, vino mucha gente, con lo cual debimos correr más de la cuenta. Eso altero los nervios de mucho, en particular los del galador, que un su pésimo ingles cometió un grave error que tuve que remediar y que fue motivo de pelea con él. Esa noche él quiso agarrarse a las trompadas conmigo, lo cual me causo gracia, su patetismo y su baja estatura, hacía que ni lo tuviera en cuenta. No obstante lo cual, me enojé y pedí soluciones al dueño. Esa noche cuando el día ya había terminado, me fui a casa y me olvidé de todo, sabía que al día siguiente me espera isla mujeres y un plácido día de descanso...

domingo, 23 de enero de 2011

Día 34 y 35: La calma después de la tormenta

El viernes había sido un día sumamente estresante. Se había largado a llover como no lo hacía en mucho tiempo, y para un restaurante que esta al aire libre y con varias mesas ya sentada, eso es un problema. Además debemos decir que uno vive de las propinas y no mucha gente quiere comer en esa situación, si a eso le sumamos que discutí muy fuertemente con el galador; se entiende porque el sábado había sido un día muy estresante. Las cosas habían empezado bien, pero de repente empezó a llover y amenazaba con no parar. El toldo que cubre algunas mesas se empezaba a hundir por la lluvia que había caído sobre el, esto no hubiese sido un gran problema si no era que teníamos debajo de el mesas con gente, la cual no podíamos mover de lugar por falta de espacio. Por suerte con el correr de las horas las cosas empezaron a normalizarse y todo de a poco empezó a mejorar. Podemos decir que al fin y al cabo las cosas salieron bien, aunque el stress era demasiado y la discusión que había tenido ese mismo día, horas antes, me había puesto de mal humor. Al terminar la noche recibimos una nueva noticia. Un narco local quería venir al restaurante a comer gratis, y dado el modo en el que opera este tipo de mafia, la situación era preocupante. Después de un tiempo de reflexión, decidimos olvidarnos de todo por un momento y dejar para el día siguiente las cosas. Aprovechamos que la al día siguiente era el cumpleaños del chef Argentino, así que no lo dudamos y nos olvidamos de todo por un rato y salimos a festejar. Si bien el día había empezado mal, la noche había terminado bien, y después de andar por un rato volví a la casa. A la mañana siguiente me desperté con dolor de cabeza y fui a trabajar pensando en lo que vendría. Por suerte al llegar, no había habido noticias, de la visita tan esperada y por el frío que hacía, el día había estado más que tranquilo, algo que necesitaba sin lugar a duda. Por suerte ese día había sido completamente diferente a todos los demás, había sido un día más que tranquilo...

sábado, 22 de enero de 2011

Día 31, 32, 33: Otra vez sopa

La verdad es que los días pasaban muy lentamente. Había llegado de mi viaje a Chichen Itza y la vuelta al trabajo no era fácil. No lograba nunca de terminar de formar un equipo bueno de trabajo. Acá la gente es muy particular y encontrar gente seria, sobre todo en lo laboral no es cosa fácil. Por mi parte, el cansancio empezaba a jugarme una mala pasada. Ya había perdido las ganas de trabajar y pensaba más en lo que venía, que en lo que había. Había recibido una propuesta y no dude en aceptarla. Tenía previsto quedarme hasta el 15 de febrero en Playa del Carmen y la verdad es que no veía la hora de que ese día llegara. Ya no quería estar acá, el cansancio, la falta de opciones y la particularidad de la gente hacía que quisiera irme lo antes posible. Por otro lado seguía intentado hacer mi trabajo de la mejor manera posible. Buscaba gente nueva, para rediseñar el esquema de trabajo y no la conseguía, eso me frustraba. Había conocido a una chica que prometía ser buena camarera, sin embargo el día en que debía venir no llego, dos días más tarde volvió para excusarse y me contó que su novio había participado de un accidente el martes anterior del cual salvo su vida milagrosamente, yo por mi parte recordaba haber leído sobre el siniestro en el diario. Playa era al fin de al cabo un pueblo, donde todo se sabía, un pueblo chico al fin...

lunes, 17 de enero de 2011

Día 30: El espíritu Maya estaba dando vuelta

Era mi día libre, el primero desde que había empezado a trabajar, así que estaba feliz. No lo dudé y con Verónica fuimos de excursión. nos levantamos muy temprano aunque un poco más tarde de lo previsto y nos dirigimos hacía la agencia desde donde partiría el tour. Luego de algunas horas de viaje arribamos al destino tan deseado, Chichentiza, una de las siete maravillas del mundo. Las antiguas pirámides y lo que quedaba del pueblo daba cuenta de lo que había sido la civilización maya. Todo lo que aprendimos y lo que vimos nos impactó muchísimo, era impresionante estar frente a semejante obra y poder acceder a parte del testimonio de una civilización tan importante como la maya. Las horas que allí pasamos fueron únicas e intentamos aprovecharlas al máximo. Sacamos tantas fotos como pudimos y socializamos con otros turistas. Luego ya bastante cansados nos dirigimos hacía un celote en Valladolid, la caverna y todo su interior hicieron el viaje aún mejor, y a pesar de que el agua estaba fría hubieron quienes se animaron. La humedad, el frío del agua y los veinte metros de profundidad de la laguna hicieron que no me animará a nadar, no obstante aproveche todo el tiempo del mundo para fotografiar todo lo que estaba a mi alcance. Una vez que dejamos ese lugar nos dirigimos hacia el centro de la ciudad, para poder apreciar, su plaza principal, su iglesia y otros edificios. Ya casi de noche emprendimos el viaje de retorno, al llegar a casa y luego de escribir un poco nos pusimos a cocinar y disfrutar de la noche, quería después de todo apreciar el momento vivido, sabía que al día siguiente otra realidad me esperaba...

Día 25, 26, 27, 28 y 29: Más de lo mismo

La semana, parecía tranquila, pero no sería así. Cuando uno trabaja en un restaurante, nunca tiene una semana tranquila y la realidad de México no ayudaba tampoco. Me había visto obligado a echar a dos chicos más y una vez más tenía que rearmar un equipo de trabajo, algo no fácil por esta tierra. Con el correr de los días, entre a unas cuantas personas, algunas pasaron sin pena ni gloria y otras tuvieron mejor fortuna. Encontré a un chico maya para trabajar, que era realmente excelente. Entrené a una chica con la que terminé discutiendo horas más tarde y para finalizar la semana incorporé a un chico italiano, que prometía ser bueno. El stress ocasionado por tener que renovar a casi todo un equipo de trabajo se le sumaba el hecho de que había llovido casi toda la semana y como es un restaurante al aire libre, nos complicaba más de la cuenta. Sin embargo yo mantenía la calma, estudiaba el folklore de los lugareños y ya tomaba como normal el hecho de viajar en taxi con los choferes y sus novias, algo muy común por esta zona. La ciudad quedaba vacía de a por momento y con el cambio de temporada, el público se renovaba. Descubrí también que en Playa solo se puede nadar o hacer buceo, dado que no hay nada más para hacer. La ciudad tiene una calle principal que es la quinta y después de eso no hay mucho más. También me asombraba día a día la cantidad de Argentinos que había, no solo viviendo sino de turistas. El domingo 16 fue mi último día de trabajo, al menos hasta el martes próximo cuando retornaría al restaurante, pero tener un día de descanso me cambiaba el humor, de hecho había estado trabajando desde que llegue y me merecía un descanso, de todos modos pensaba aún que pasaría en Playa y en mi lugar de trabajo la semana entrante...

martes, 11 de enero de 2011

Día 24: Uno busca lleno de esperanza

Era el 11 del primer mes del año del 2011. Demasiados números unos. Sin lugar una fecha histórica. Ese día me costo despertarme más de la cuenta, no se porque, pero estaba demasiado cansando, tal vez por los días acumulados de trabajo, o quizas simplemente porque quería dormir un poco más. Al llegar al trabajo el día comenzó normal, como si fuera un día cualquiera, pero con el correr de los minutos, nos dimos cuenta que no lo sería. Esa mañana tuvimos más clientes que nunca y entre ellos, lo tuvimos a Juan Gabriel, la presencia de tan grande estrella, no solo revolucionó la cuadra, si no el día en general. Con él mantuvimos una muy amena charla, debo decir que es además es un hombre muy educado y muy gentil, así como que me sorprendió que adivinará mi signo del zodiaco chino y que me explicará que esa era la razón de porque sentía siempre tanto frio. Todos estábamos muy contento con su presencia, después de todo estábamos ante un número uno indiscutible, y así seguíamos con los unos. Creo que desde que había empezado a trabajar ahí nunca habíamos tenido un día tan ocupado y si bien terminé muy cansado, debo decir que fue un día muy lindo. Ese día nada importaba, los uno se habían apoderado del mundo. Habían pasado cien años desde un acontecimiento así y no pasararía desavertido. Al llegar a casa, cansado y a sabienda que tenía una semana más que agitada por delante, era felíz, ese día me senté y volví a escribir...

lunes, 10 de enero de 2011

Día 21, 22 y 23: La calma del mar llega su orrilla

Después de una semana agitada todo parecía encaminarse, las cosas en el trabajo andaban mejor, de a poco todo se estabilizaba y empezaba a encuadrar. Ya había cobrado mi primer sueldo y estaba muy feliz con eso. Sentía que había estado en ese lugar por mucho tiempo y a penas había pasado una semana que había iniciado a trabajar. Empezaba a conocer a la gente del lugar y su folklore. Estando ahí descubrí que Playa es un lugar viciado por el narcotráfico y la corrupción y que como todo pueblo pequeño que vive pura y exclusivamente del turismo tenía su época de esplendor en temporada alta y en la baja moría hasta convertirse en un pueblo fantasma. Lo que el turista veía del lugar era muy distinto a la realidad que le tocaba vivir a quienes aquí vivían. De a poco también empezaba a sentirse el invierno caribeño, muy distinto por cierto del que estaba acostumbrado allá, más en el norte, en mi querida New York. Si bien no hacía frío realmente, la temperatura baja considerablemente a la noche y refrescaba bastante aunque rara vez necesitaba uno abrigarse. Playa era en algún punto un mundo de contrastes, por un lado, los turistas que disfrutaban de sus vacaciones y por el otro la gente que trabajaba día y noche para poder vivir. Los sueldos claramente, no eran los del norte del continente, pero para los Mexicanos eran buenos, aún si debían trabajar duramente para conseguir el dinero que anhelaban, mientras tanto yo observaba, escribía e planeaba futuros alternativos. De a poco el lugar se me hacía familiar y las cosas encontraban su camino, yo frente a ese panorama solo debía tomar una decisión, pero no tenía prisa, aún había mucho trabajo para hacer...

viernes, 7 de enero de 2011

Día 19 y 20: El oasis del Caos

Los días pasaban y me costaba cada vez más armar un equipo de trabajo. Mucha gente iba a resturante a buscar trabajo y prometían cielo y tierra, pero luego no volvian y si lo hacian descubría que no sabían trabajar o en su defecto tenían demasiadas pretenciones. Nunca se me había hecho tan difícil armar un equipo de trabajo, no obstante había aceptado este empleo, porque generaría un ingreso y porque era un desafio, así que sabía que tarde o temprano las cosas funcionarían. Después de unos días de mucho stress me levante el viernes 7 de muy mal humor, con el correr del día las cosas cambiarían, empecé a reogarnizarme a tomarme todo con más tranquilidad y de a poco me empecé a relajar, claro que ayudó mucho los resultados obtenidos hasta el momento, si bien no había logrado aún lo que buscaba, el restaurante empezaba a funcionar, los empleados que tenía empezaban a responderme como quería, y el lugar empezaba a funcionar, los dueños estaban más que contentos conmigo y querían que me quedara. Si bien mi presente no era el mejor, podía ver un buen futuro en ese lugar, mi trabajo era respetado y valorizado y si bien yo ya tenía una decisión tomada, la situación por la que atravesaba me hacia pensar en otras posibilidades. Ese viernes las cosas habían salido más que bien, y al finalizar, a pesar de que estaba muy cansado fui hasta la 12 calle a encontrame con unos amigos y a difrutar un poco del BPM festival, al cual había denominado festival fresa de la canción. Por la zona había mucha gente linda y muy bien maquillada, la música invitaba a la fiesta y la presencia de Hernan Cattaneo lo hacía más interesante, así que no lo dude, fui hasta ahí y empecé a buscar a mis amigos, y si bien no los encontré pasé un buen tiempo entre tanta gente, desués de estar un buen tiempo ahí decidí volver a la casa, ya había tenido mi cuota necesaría de fiesta y después de todo sabía que al día siguiente me esperaba nuevamente un desafio...

jueves, 6 de enero de 2011

Día 16, 17 y 18: Esa vieja adicción

Había empezado a trabajar en un restaurante italiano en Playa y si bien trabajar hace bien al espíritu y al bolsillo, no sabía bien por que lo hacia. El primer día de trabajo me dí cuenta que el lugar estaba muy desorganizado. Al finalizar mi jornada, el dueño me propuso gerenciar el restaurante, es decir, reorganizar el lugar por completo, lo cual incluía, crear un buen equipo laboral, mejorar las ventas e optimizar los recursos disponibles, vale recordar que habían abierto apenas un días atrás y en un estado de desorganización muy grande. Los empleados no contaban con experiencia alguna y uno de los dueños había entrado a este tipo de negocio solo un año atrás y solo había cosechado malos resultados, aunque conocía el rubro, por cuestiones familiares. Todo aquel que haya trabajado en un restuarante, sabe que esto no es para cualquiera y que el nivel de stress es muy alto, y si bien estaba haciendo lo que hice durante tantos año, debo decir que me ponía nervioso. Me sentía nuevamente como un técnico de un equipo de fútbol que esta peleando el decenso y lo contratan a media temporada, para salvar el equipo. Tuve que hacer profundos cambios, necesitábamos cambiar prácticamente todo, los menúes, los vinos, los platos, en si podemos decir que todo. Lo más difícil era armar un buen equipo; no lograba encontrar gente profesional. Al segundo día me vi obligado a echar a cuatro personas y salir corriendo a buscar a otras dos. Si bien me estaba volviendo loco, conseguía de a poco armar el tipo de restaurante que quería.
Recordaba todos los años que pase trabajando en este rubro y como es el mundo de la gastronomía y me veía una vez más volviendo a una vieja adicción.... el restaurante.

martes, 4 de enero de 2011

Día 15: Todo vuelve

Esa mañana, me levante algo tarde, no quería despertarme en verdad. Había algo en mí que me pedía seguir durmiendo. El cansancio era muy grande, pero no había motivo aparente. Después con el correr de las horas me di cuenta que lo que me pasaba era que no quería enfrentar lo que venía, eso que era inevitable; debía buscar trabajo y ese era el día. Cuando llegué me propuse trabajar, no solo para generar ingresos y así poder estar más tiempo en Playa sino porque debía hacerlo. Me había tomado un año sabático y me había prometido que el 2011 lo empezaría trabajando. En Playa tenía la excusa perfecta.
Después de dar vueltas, cocinar, comer, lavar y hasta escribir, emprendí mi viaje hacia el centro de la ciudad en busca de eso que sabía iba a encontrar. Hacia calor y yo vestido como muñeco de torta. Mire un poco y me limité a aplicar solo en 3 restaurantes. Al finalizar la recorrida ya tenía 3 trabajos, uno de ellos, el último, me necesitaba urgentemente, fue así que me quede toda la noche y que descubrí que era un restaurante nuevo, que estaba muy desorganizado y que había mucho para hacer. A las horas, y después de ver como trabajaba, el dueño tuvo una charla conmigo y me propuso manejar el restaurante, otra vez volvía a mis andadas, otra vez volvía al restaurante. Esa noche no pude dormir pensando en lo que venía, era volver al desafío. Sabía que al día siguiente me esperaba una ardua tarea, la de volver al ruedo...

lunes, 3 de enero de 2011

Día 14: Nada que hacer, mucho que hacer

Me desperté temprano, otra cosa no tenia para hacer después de todo. Desayuné, algo que no es muy habitual en mi y salí a caminar. Luego hice lo que todas las personas hacen, es decir nada. Me tomé todo el tiempo del mundo para no hacer nada. El gusto a las vacaciones empezaba a hacerme cosquillas. Junte coraje y con mis amigos salimos al supermercado, después de todo todavía quedaba mucho por comprar. Era como estar en el coto del spinetto pero era el chedraui de Playa. No estaba con mis hermanas sino con amigos, pero salvando las distancias era lo mismo. Compramos de todo. Luego fuimos a imprimir mis CV, debo ser sincero y decir que no tenía la menor ganas de trabajar, pero debía hacerlo, hacia mucho que estaba disfrutando de la vida tan abiertamente y era hora de trabajar, además generar más ingresos me ayudaría para lo que vendría, fue así que fuimos hasta un ciber café e imprimí mi CV. Luego llegamos a casa, dejamos todo en orden y nos dirigimos a la playa, nos merecíamos un poco más de sol y también un poco de fresca agua azul. Empezamos a caminar con la idea de encontrar en la playa a Verónica, que había dejado la casa tiempo antes que nosotros. Al llegar y para nuestra sorpresa descubrimos que la playa a la que habíamos ido no era tan linda como la del día anterior, es decir había más caracoles y algas, a eso le debíamos sumar que el sol había desaparecido y empezaba a hacer un frío, aun así nos quedamos un tiempo ahí y a pesar del frío, decidí meter mis pies al mar. Luego al caer la noche, abandonamos el lugar en el que estábamos y salimos a caminar; así encontré restaurante a los que podría ir a aplicar luego. Ya bastante tarde decidimos volver a la casa. Cocinar un rico ceviche que supimos acompañar con sardinas y una muy rica baguette que encontramos en una panadería francesa (No es fácil, encontrar buen pan en México, al menos para nosotros). Ya de noche, nos tomamos todo el tiempo del mundo para trabajar sobre la rutina teatral y escribir un poco más, cuando el sueño me venció, me fui a dormir... mañana vendría un nuevo día....

sábado, 1 de enero de 2011

Día 13: El Día después de mañana

A pesar de que me había ido a dormir como a las seis de la mañana, a eso de las once ya estaba de pie. Me bañe, me vestí y he hice todo lo que tenía que hacer, parecía un chico el día después de reyes, es que efecto me sentía como tal, después de todo y de tanto esperar iba a ir a playa. El sol ardía, por ende se podía sentir el calor en el cuerpo, necesitábamos refrescarnos así que fuimos a buscar a Verónica al hotel y todos juntos nos dirigimos a Mamasita, una playa privada bastante alegada de la casa, donde habíamos estado la noche anterior, como parte de los festejos. Ahí pasamos lo que restaba de de día, tomando sol, nadando en la azulada agua caribeña y disfrutando del día. Como a las cuatro, los deje a ellos ahí y me fui a caminar, primero por la playa y luego por la quinta avenida. Me tomé todo el tiempo del mundo para disfrutar de un día perfecto. Miré vidrieras, gente linda, todo enmarcado dentro de una arquitectura paradisíaca. Al llegar a la casa, con el peso del calor tras mi espalda me tome un largo y pronunciado baño y me senté a escribir hasta que llegaron mis amigos. Una vez todos juntos nuevamente decidimos cocinar una pasta (para variar) charlamos largo y tendido y nos dedicamos a la escritura hasta que nos fuimos a dormir......

Día 11 y 12: La fiesta interminable

Todo estaba preparado para abandonar Oaxaca y emprender nuestro viaje hacia Playa del Carmen. Habíamos empacado todo, guardado todo, tirado todo aquello que no servía. Todo lo hicimos muy rápido, yo había llegado hacía unos minutos de mi viaje por las pirámides y en poco tiempo hicimos todo lo que había que hacer, de hecho hasta tuvimos tiempo de cocinar una rica pasta, luego ya si, nos dirigimos hacia la terminal, una vez ahí tomamos un ADO con rumbo al estado de Tabasco, previo paso por Veracruz. La idea era pasar un día en Villa Hermosa antes de arribar a nuestro destino. Al llegar a nuestra primera parada, descubrimos que la ciudad no era lo que esperábamos, a eso debíamos sumarle un claro cansancio producto de 12 horas de viaje, un calor agobiante (típico de la región) y un muy molesto equipaje; aún así nos hicimos de coraje y decidimos recorrer la ciudad. Una hora más tarde regresamos a la estación y cambiamos los pasajes por un micro que salía dos horas antes. A ese punto, dos horas eran, al menos, dos horas. Ahí esperamos mucho tiempo hasta que pudimos tomar el bus que nos traería a Playa del Carmen, luego sobrevino otras largas 12 horas de viaje, y si bien todo fue bastante tedioso, se justificó al llegar al paraíso prometido. El calor y el azul del mar que se confundía con el azul del cielo hacía de todo este lugar, una postal mágica. Lo primero que hicimos fue ir al departamento y dejar las cosas, bañarnos y salir corriendo a conocer la ciudad. La quinta avenida, la playa, sus alrededores y la gente, todo era muy lindo, de hecho el día se haría perfecto cuando entramos a comer a un muy buen restaurante. Luego al caer la noche fuimos a buscar a Verónica que llegaba desde New York para pasar la fiestas con nosotros, entre besos y abrazos, decidimos ir a cenar a un lugar de mariscos (debo decir que quede enamorado de mi hamburguesa de camarones). Después de comer y caminar por la avenida principal decidimos ir a la playa a esperar el nuevo año. A las doce la alegría de toda la gente que se encontraba ahí, junto a los fuegos artificiales y la música hacían que el momento fuese único. Nos hicimos la promesa de pasar el próximo año nuevo en otra ciudad y nos sumamos a la fiesta que se vivía tanto en la playa como en la ciudad. Todo era alegría, un nuevo año asomaba y prometía mucho y nosotros una vez más nos encontrábamos festejando juntos, ya no en New York, ya no con Champagne; esta vez era Playa del Carmen, esta vez era con Rhum…..

Día 9 y 10: Los últimos minutos en Oaxaca

Me quedaban solo dos días en Oaxaca antes de viaja hacia Yucatán, así que decidí aprovecharlos a más no poder. El primero de mis dos últimos días lo use para escribir, preparar una rutina teatral, recorrer la ciudad, sacar algunas fotos y comprar algún que otro regalito. Ya para el segundo, me levanté muy temprano y me dirigí hacia la catedral para encontrarme con Sophie (amiga de Raquel, que no conocía hasta entonces) con el fin de hacer junto a ella un pequeño tours por las afueras de la ciudad. El primero de los lugares a los que fuimos fue un pueblito a unos veinte minutos de donde estábamos, una vez allí, en Santa María de Tule, apreciamos la gran atracción del poblado, es decir el árbol de Tule, el cual es famosos por ser el árbol más ancho del mundo; record que ostenta gracias a sus catorce metros de diámetro. Luego fuimos a una fabrica de telas, cuyo modelo de producción era artesanal, con fuertes raíces prehistóricas. Desde allí nos dirigimos a una fabrica de mezcal, donde pudimos apreciar la elaboración de la más típica bebida Oaxaqueña y entre trago y trago descubrimos su historia y también un poco de la historia de Oaxaca. Ahí supe que Benito Juarez así como Porfirio Díaz eran de dicha tierra. Las horas se sucedían y yo esperaba cada vez más ansioso ir a las ruinas de Mitla. El momento tan esperado llegó y pude disfrutar de los templos Zapotencos y de su historia con total plenitud, al fin y al cabo era mi primera experiencia con culturas prehistóricas desde que había llegado a México. Después de Mitla nos dirigimos a Hierve el Agua, un lugar mágico que para llegar es necesario cruzar toda una montaña por un camino poco amistoso, pero la vista privilegiada y la hermosura del lugar lo justifica. Una vez terminada nuestra aventura por dicho lugar, emprendimos la vuelta. Con dos horas de retraso llegué a la casa y rápidamente preparé las cosas. A penas tuvimos tiempo de comer algo y nos vimos obligados a salir corriendo para no perder nuevamente nuestro micro, ese que nos llevaría a Playa del Carmen….