La verdad es que los días pasaban muy lentamente. Había llegado de mi viaje a Chichen Itza y la vuelta al trabajo no era fácil. No lograba nunca de terminar de formar un equipo bueno de trabajo. Acá la gente es muy particular y encontrar gente seria, sobre todo en lo laboral no es cosa fácil. Por mi parte, el cansancio empezaba a jugarme una mala pasada. Ya había perdido las ganas de trabajar y pensaba más en lo que venía, que en lo que había. Había recibido una propuesta y no dude en aceptarla. Tenía previsto quedarme hasta el 15 de febrero en Playa del Carmen y la verdad es que no veía la hora de que ese día llegara. Ya no quería estar acá, el cansancio, la falta de opciones y la particularidad de la gente hacía que quisiera irme lo antes posible. Por otro lado seguía intentado hacer mi trabajo de la mejor manera posible. Buscaba gente nueva, para rediseñar el esquema de trabajo y no la conseguía, eso me frustraba. Había conocido a una chica que prometía ser buena camarera, sin embargo el día en que debía venir no llego, dos días más tarde volvió para excusarse y me contó que su novio había participado de un accidente el martes anterior del cual salvo su vida milagrosamente, yo por mi parte recordaba haber leído sobre el siniestro en el diario. Playa era al fin de al cabo un pueblo, donde todo se sabía, un pueblo chico al fin...
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