martes, 25 de enero de 2011

Día 36: Como perros y gatos

El Domingo asomaba y era un hombre feliz. Era mi último día de trabajo de la semana y luego tendría mi merecido descanso hasta el martes por lo menos. Las cosas habían empezado bien, algo lento, pero normal. A eso de las 5 de la tarde el Cubano decide renunciar, porque se había peleado con el galador, el mismo con quien había discutido días atrás. Eso me complicaba demasiado el trabajo, no solo perdía un empleado, y eso en ese momento era mucho, sino me quedaba con un solo camarero para esa noche. Las cosas, nunca son simples y por supuesto, esa noche, vino mucha gente, con lo cual debimos correr más de la cuenta. Eso altero los nervios de mucho, en particular los del galador, que un su pésimo ingles cometió un grave error que tuve que remediar y que fue motivo de pelea con él. Esa noche él quiso agarrarse a las trompadas conmigo, lo cual me causo gracia, su patetismo y su baja estatura, hacía que ni lo tuviera en cuenta. No obstante lo cual, me enojé y pedí soluciones al dueño. Esa noche cuando el día ya había terminado, me fui a casa y me olvidé de todo, sabía que al día siguiente me espera isla mujeres y un plácido día de descanso...

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