Una vez que habìa logrado subirme al bus, me sentì mucho relajado, ahora empezaba mi travesìa por los paises centro americanos. Lo primero que tuvimos que hacer fue cruzar la frontera, la cual me sorprendiò, en particular porque descubrì que debìa pagar un impuesto para salir de Mèxico y otro para entrar a Guatemala. La verdad es que la idea no me caìa muy bien, pero no tuve otra opciòn que hacerlo, despuès de todo lo ùnico que querìa era salir de ahì y empezar a volver. Una vez resuelto el tema en cuestion cruzamos toda Guatemala. Lo que me habìan dicho de dicho paìs, no eran bunas noticias. Sabìa a esa altura, que la inseguridad y los probelmas con el narcotràfico eran un tema delicado, pero no tenìa otra opciòn debìa pasar por ahì si querìa llegar a destino. Por suerte y tras largas horas de viaje, llegamos a El Salvador, paìs del que no habìa tenido buenas referencias tampoco, pero para mi asombro el lugar a donde llegamos era bastante lindo y parecìa seguro, aunque a las diez de a noche todo cerrara. Ahì conocì a Sebastiàn, un chico Argentino que vive en Barcelona y con quien compratì la habitaciòn del hotel donde debìamos hospedarnos. Tambièn entable conversaciones con unas chicas de Francia y una de Alemania, luego se sumarìa a ese especie de grupo una chica de Asia. Luego de recorrer y buscar informaciòn me fui a descansar. A la mañana siguiente, ya temprano abordamos el pròximo bus que irìa a Nicaragua, no sin antes pasar por Honduras. Ya mucho màs relagado me aboquè a apreciar el piasaje, las fronteras a esta alturas me eran algo normal, sellar el pasaporte, cambiar moneda y estar sujeto a cualquier revisiòn era parte de la rutina. Por Honduras, paìs que debe su nombre por las ondulaciones del terreno, fue un tràmite fàcil y sin problema alguno y por suerte no debimos pagar impuesto alguno. No obstante cuando lelgamos a Nicaragua, tuve que pagar màs de lo que consideraba y esperar aùn màs de la cuenta para llegar a la estaciòn. Sin embargo cuando lleguè me sorprendiò que a peasr de la hora (eran las 6.30) todo ya estaba cerradao. Intentè buscar un telèfono para encontrar a quien me esperarìa en dicho paìs, pero no tuve èxito, como si fuera poco, en el camino y sin saber como perdì a las chicas de Francia y la de Asia, ùltimas sobrevivientes de nuestro viaje. Asì que sin màs remedio me tuve que quedar ahì, en el hotel que la empresa de buses tenìa y esperar hasta el pròximo dìa para poder encontrame con Denis. Tuve la suerte de que el chofer del micro me presto su celular y asì pude llamar a Denis, que me dijo que vendrìa por mi la mañana siguiente. Esa noche, me la pasè hablando con el chofer y los chicos que allì trabajaban, asì hasta que el cansancio me venciò y me fui a dormir. Al dìa siguiente debìa levantarme muy temprano para poder conocer Managua en su totalidad.
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