Era lunes y a pesar que el día anterior no había sido bueno y que me había ido a dormir a las 4 de la mañana, me levanté temprano cuando Verónica me llamó. El plan era ir a Cancún y luego a Isla Mujeres. Así que no me importo que fueran las siete de la mañana y me preparé rápido, así podíamos estar ahí lo antes posible. Salimos de la casa y tomamos la van que nos llevaría a Cancún, luego de llegar ahí recorrimos un poco y fuimos a la playa. Al eso de las 11 decidimos tomar el ferry, que casi perdemos, hacía Isla Mujeres. Media hora más tarde estábamos llegando a un lugar cuyo encanto, era muy particular. El lugar parecía tener varias identidades a la vez. Muchas construcciones típica de una isla sureña, mucho de lo local, mucho del caribe y mucho de todo. El Sol era fuerte, el lugar encantador y el mar era de una belleza sin igual. Por alguna razón que desconozco, tengo una particular atracción hacía las islas, siempre me gustaron, tienen una energía muy especial que se conecta conmigo perfectamente. Tal vez por eso, ese, era un día perfecto. La gente, su armonía y su belleza me eclipsaba. Paseamos por todos lados y dedicamos una buena parte de nuestro tiempo a disfrutar del mar y del sol. Es importante decir que había olvidado ponerme protector solar, y quedarme dormido sobre la blanca arena, no había sido algo muy acertado tampoco. Aún así, era feliz. También encontramos un lugar para comer que había abierto un tipo de New York, y como la sangre tira, sin pensarlo fuimos a comer ahí. Volvíamos a comer ricos emparedados con pan pita. A esa altura debía ser más que sincero y confesar que era muy feliz, claro al retornar al muelle para embarcarnos rumbo a Cancún, nos esperaba una historia más. Habíamos llegado a tiempo, para no perder el último de los ferry que nos llevaría de nuevo a tierra firme, sin embargo este no había llegado y nos informaron que había cierta demora. Esa demora fue de 45 minutos, razón por la cual, la paciencia de la gente colapsó, no obstante la idea de subirnos a ferry era buena, sabíamos que después de todo, media hora más tarde estaríamos del otro lado. Para compensar nuestra espera, nos ofrecieron la barra de tragos, totalmente gratis, la cual supimos aprovechar. El viaje, era lindo y el paisaje desde alta mar también, sin embargo, quince minutos más tarde debimos, para nuestra sorpresa, retornar a Isla Mujeres, la razón era simple. Nos habíamos quedado sin combustible. Ante bizarra situación, no nos quedaba otra que reírnos, y a pesar que descubrimos que toda la tripulación estaba borracha, no nos importo, después de todo lo único que queríamos era volver. Así que entre tragos y buena música, volvimos festejando. Esa noche al llegar a la casa disfrutamos de una buena cena y compartimos, una vez más un lindo momento, todos juntos. Cansado, producto del día agotador que había tenido, me fui a dormir más temprano que nunca, sabía que al día siguiente debía ir a trabajar...
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