Después de una semana agitada todo parecía encaminarse, las cosas en el trabajo andaban mejor, de a poco todo se estabilizaba y empezaba a encuadrar. Ya había cobrado mi primer sueldo y estaba muy feliz con eso. Sentía que había estado en ese lugar por mucho tiempo y a penas había pasado una semana que había iniciado a trabajar. Empezaba a conocer a la gente del lugar y su folklore. Estando ahí descubrí que Playa es un lugar viciado por el narcotráfico y la corrupción y que como todo pueblo pequeño que vive pura y exclusivamente del turismo tenía su época de esplendor en temporada alta y en la baja moría hasta convertirse en un pueblo fantasma. Lo que el turista veía del lugar era muy distinto a la realidad que le tocaba vivir a quienes aquí vivían. De a poco también empezaba a sentirse el invierno caribeño, muy distinto por cierto del que estaba acostumbrado allá, más en el norte, en mi querida New York. Si bien no hacía frío realmente, la temperatura baja considerablemente a la noche y refrescaba bastante aunque rara vez necesitaba uno abrigarse. Playa era en algún punto un mundo de contrastes, por un lado, los turistas que disfrutaban de sus vacaciones y por el otro la gente que trabajaba día y noche para poder vivir. Los sueldos claramente, no eran los del norte del continente, pero para los Mexicanos eran buenos, aún si debían trabajar duramente para conseguir el dinero que anhelaban, mientras tanto yo observaba, escribía e planeaba futuros alternativos. De a poco el lugar se me hacía familiar y las cosas encontraban su camino, yo frente a ese panorama solo debía tomar una decisión, pero no tenía prisa, aún había mucho trabajo para hacer...
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