jueves, 10 de febrero de 2011

Día 48, 49, 50, 51 y 52: Todo un náufrago

El Sábado 5 había sido el cumpleaños de mi mamá, pero si bien intenté llamarla, no me pude comunicar, de todos modos le escribí, pero supongo que no es lo mismo. Siempre los cumpleaños de otros, en particular esos que me importa me encuentran lejos de donde suceden. La razón por la que no pude hablar era porque ese sábado había trabajado todo el día, luego ya de noche y al terminar había ido con mis compañeros a un bar llamado "la fe" a festejar mi partida del restaurante. A la mañana siguiente me levanté más que contento, sabía que era el último día que tenía que trabajar y eso me ponía feliz, luego vendría otra aventura que habría que afrontar. El domingo trascurrió de un modo muy particular, parecía que no quería acabar nunca, amagaba con hacerme el día eterno y no me soltaba. Ya de noche y liberado, caminaba por el centro de la ciudad con esa sensación agridulce en mi ser. Al llegar a casa, quise buscar más información sobre mi viaje, hacer más cosas, pero no podía, estaba cansado y algo triste. Intenté el lunes hacer lo mismo, descansar, escribir y buscar información, pero la cosa iba lenta, estaba muy cansado y no lograba concentrarme del todo, no obstante intenté aprovechar el tiempo a más no poder e hice de todo un poco. Después de todo tenía una semana para hacer y mucho, así que el miércoles me encontré con un amigo cubano (quien me daría información para mi viaje a Cuba), el martes, aprovechamos para ir a cenar a la casa de Sara, que me dio un montón de información sobre San Cristobal de las Casas (Uno de mis próximos destinos), me encontré con otro amigo también por esos días, fui a la playa y camine bastante, ya no por necesidad laboral si no por disfrutar del hecho de mismo de caminar. De a poco empezaba a centrarme y encontrar un camino de vuelta. Me costaba focalizarme en en lo que debía, pero hacía un esfuerzo y me escapaba de mi propio escape, para poder volver al camino...

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