Por estos días, las cosas estaban algo extrañas. Todo estaba bien, pero empezaba a sentir una vieja sensación, la misma sensación que sentí en mi viaje a Buenos Aires, cuando deje New York por última vez. El trabajo, la gente, lo que me unía con ese lugar, todo. En el ámbito laboral, las cosas funcionaban como siempre funcionan en un restaurante. Algunos problemas, algo de drama, alguna crisis, pero en si todo estaba encaminado. Sabía que era un lugar al que le podía ir bien y eso me hacía feliz. Aún así sabía que tenía que despegarme emocionalmente y enfocarme de lleno a lo que restaba de viaje. Había mucho por hacer. Mandar mails, buscar información, comprar algunas cosas y por supuesto escribir. A principio de mes empecé con una pieza teatral, que me había prometido terminar por estas fechas, sin embargo solo había llegado a la mitad, pero las ganas de producir y el futuro que me esperaba más adelante no me permitía dejar de escribir. A esta altura el vicio de la escritura no era una opción. El cansancio era mucho, pero esperaba mi día de descanso para poder hacer todo aquello que quería hacer... seguir disfrutando de mi viaje
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