lunes, 31 de enero de 2011

Día 40, 41, 42: Mientras miro las nuevas olas

Por estos días, las cosas estaban algo extrañas. Todo estaba bien, pero empezaba a sentir una vieja sensación, la misma sensación que sentí en mi viaje a Buenos Aires, cuando deje New York por última vez. El trabajo, la gente, lo que me unía con ese lugar, todo. En el ámbito laboral, las cosas funcionaban como siempre funcionan en un restaurante. Algunos problemas, algo de drama, alguna crisis, pero en si todo estaba encaminado. Sabía que era un lugar al que le podía ir bien y eso me hacía feliz. Aún así sabía que tenía que despegarme emocionalmente y enfocarme de lleno a lo que restaba de viaje. Había mucho por hacer. Mandar mails, buscar información, comprar algunas cosas y por supuesto escribir. A principio de mes empecé con una pieza teatral, que me había prometido terminar por estas fechas, sin embargo solo había llegado a la mitad, pero las ganas de producir y el futuro que me esperaba más adelante no me permitía dejar de escribir. A esta altura el vicio de la escritura no era una opción. El cansancio era mucho, pero esperaba mi día de descanso para poder hacer todo aquello que quería hacer... seguir disfrutando de mi viaje

jueves, 27 de enero de 2011

Día 38 y 39: La marea esta tranquila

Por estos días la marea esta bastante tranquila y en el trabajo las cosas también. El negocio había bajado, pero aún así todo estaba en orden. Empezaba de a poco a ver el horizonte y el futuro se aclaraba. Mi mente ya no estaba tanto en el ahora sino en parte en lo que venía. El viaje no había terminado y faltaba mucho antes de volver a Buenos Aires. Había tantas cosas que quería hacer, tanto de lo que quería disfrutar, que no sabía si me alcanzaría el tiempo. Por esos días me dediqué a buscar información, a escribir y a preparar todo lo que venía, me ayudó mucho el hecho de que las cosas en el trabajo estuvieran calmas, de a poco empezaba a desestresarme y a disfrutar del momento. Por momentos me producía tristeza dejar Playa del Carmen, pero sabía que no era un lugar para mi y debía buscar mi destino, mi futuro, ese que me esperaba en algún lugar del mundo. En un poco más de un mes, estaría llegando a la Argentina y ahí me esperaba una vida diferente, y por cierto muy agitada, aún así estaba muy entusiasmado con volver y embarcarme en esa nueva odisea. Después de todo estaba haciendo lo que quería y las cosas se habían dado como quería, así que no podía quejarme. Esa noche, una vez más, al volver a casa, me puse a escribir y a trabajar en lo que vendría...

martes, 25 de enero de 2011

Día 37: Atado a un sentimiento

Era lunes y a pesar que el día anterior no había sido bueno y que me había ido a dormir a las 4 de la mañana, me levanté temprano cuando Verónica me llamó. El plan era ir a Cancún y luego a Isla Mujeres. Así que no me importo que fueran las siete de la mañana y me preparé rápido, así podíamos estar ahí lo antes posible. Salimos de la casa y tomamos la van que nos llevaría a Cancún, luego de llegar ahí recorrimos un poco y fuimos a la playa. Al eso de las 11 decidimos tomar el ferry, que casi perdemos, hacía Isla Mujeres. Media hora más tarde estábamos llegando a un lugar cuyo encanto, era muy particular. El lugar parecía tener varias identidades a la vez. Muchas construcciones típica de una isla sureña, mucho de lo local, mucho del caribe y mucho de todo. El Sol era fuerte, el lugar encantador y el mar era de una belleza sin igual. Por alguna razón que desconozco, tengo una particular atracción hacía las islas, siempre me gustaron, tienen una energía muy especial que se conecta conmigo perfectamente. Tal vez por eso, ese, era un día perfecto. La gente, su armonía y su belleza me eclipsaba. Paseamos por todos lados y dedicamos una buena parte de nuestro tiempo a disfrutar del mar y del sol. Es importante decir que había olvidado ponerme protector solar, y quedarme dormido sobre la blanca arena, no había sido algo muy acertado tampoco. Aún así, era feliz. También encontramos un lugar para comer que había abierto un tipo de New York, y como la sangre tira, sin pensarlo fuimos a comer ahí. Volvíamos a comer ricos emparedados con pan pita. A esa altura debía ser más que sincero y confesar que era muy feliz, claro al retornar al muelle para embarcarnos rumbo a Cancún, nos esperaba una historia más. Habíamos llegado a tiempo, para no perder el último de los ferry que nos llevaría de nuevo a tierra firme, sin embargo este no había llegado y nos informaron que había cierta demora. Esa demora fue de 45 minutos, razón por la cual, la paciencia de la gente colapsó, no obstante la idea de subirnos a ferry era buena, sabíamos que después de todo, media hora más tarde estaríamos del otro lado. Para compensar nuestra espera, nos ofrecieron la barra de tragos, totalmente gratis, la cual supimos aprovechar. El viaje, era lindo y el paisaje desde alta mar también, sin embargo, quince minutos más tarde debimos, para nuestra sorpresa, retornar a Isla Mujeres, la razón era simple. Nos habíamos quedado sin combustible. Ante bizarra situación, no nos quedaba otra que reírnos, y a pesar que descubrimos que toda la tripulación estaba borracha, no nos importo, después de todo lo único que queríamos era volver. Así que entre tragos y buena música, volvimos festejando. Esa noche al llegar a la casa disfrutamos de una buena cena y compartimos, una vez más un lindo momento, todos juntos. Cansado, producto del día agotador que había tenido, me fui a dormir más temprano que nunca, sabía que al día siguiente debía ir a trabajar...

Día 36: Como perros y gatos

El Domingo asomaba y era un hombre feliz. Era mi último día de trabajo de la semana y luego tendría mi merecido descanso hasta el martes por lo menos. Las cosas habían empezado bien, algo lento, pero normal. A eso de las 5 de la tarde el Cubano decide renunciar, porque se había peleado con el galador, el mismo con quien había discutido días atrás. Eso me complicaba demasiado el trabajo, no solo perdía un empleado, y eso en ese momento era mucho, sino me quedaba con un solo camarero para esa noche. Las cosas, nunca son simples y por supuesto, esa noche, vino mucha gente, con lo cual debimos correr más de la cuenta. Eso altero los nervios de mucho, en particular los del galador, que un su pésimo ingles cometió un grave error que tuve que remediar y que fue motivo de pelea con él. Esa noche él quiso agarrarse a las trompadas conmigo, lo cual me causo gracia, su patetismo y su baja estatura, hacía que ni lo tuviera en cuenta. No obstante lo cual, me enojé y pedí soluciones al dueño. Esa noche cuando el día ya había terminado, me fui a casa y me olvidé de todo, sabía que al día siguiente me espera isla mujeres y un plácido día de descanso...

domingo, 23 de enero de 2011

Día 34 y 35: La calma después de la tormenta

El viernes había sido un día sumamente estresante. Se había largado a llover como no lo hacía en mucho tiempo, y para un restaurante que esta al aire libre y con varias mesas ya sentada, eso es un problema. Además debemos decir que uno vive de las propinas y no mucha gente quiere comer en esa situación, si a eso le sumamos que discutí muy fuertemente con el galador; se entiende porque el sábado había sido un día muy estresante. Las cosas habían empezado bien, pero de repente empezó a llover y amenazaba con no parar. El toldo que cubre algunas mesas se empezaba a hundir por la lluvia que había caído sobre el, esto no hubiese sido un gran problema si no era que teníamos debajo de el mesas con gente, la cual no podíamos mover de lugar por falta de espacio. Por suerte con el correr de las horas las cosas empezaron a normalizarse y todo de a poco empezó a mejorar. Podemos decir que al fin y al cabo las cosas salieron bien, aunque el stress era demasiado y la discusión que había tenido ese mismo día, horas antes, me había puesto de mal humor. Al terminar la noche recibimos una nueva noticia. Un narco local quería venir al restaurante a comer gratis, y dado el modo en el que opera este tipo de mafia, la situación era preocupante. Después de un tiempo de reflexión, decidimos olvidarnos de todo por un momento y dejar para el día siguiente las cosas. Aprovechamos que la al día siguiente era el cumpleaños del chef Argentino, así que no lo dudamos y nos olvidamos de todo por un rato y salimos a festejar. Si bien el día había empezado mal, la noche había terminado bien, y después de andar por un rato volví a la casa. A la mañana siguiente me desperté con dolor de cabeza y fui a trabajar pensando en lo que vendría. Por suerte al llegar, no había habido noticias, de la visita tan esperada y por el frío que hacía, el día había estado más que tranquilo, algo que necesitaba sin lugar a duda. Por suerte ese día había sido completamente diferente a todos los demás, había sido un día más que tranquilo...

sábado, 22 de enero de 2011

Día 31, 32, 33: Otra vez sopa

La verdad es que los días pasaban muy lentamente. Había llegado de mi viaje a Chichen Itza y la vuelta al trabajo no era fácil. No lograba nunca de terminar de formar un equipo bueno de trabajo. Acá la gente es muy particular y encontrar gente seria, sobre todo en lo laboral no es cosa fácil. Por mi parte, el cansancio empezaba a jugarme una mala pasada. Ya había perdido las ganas de trabajar y pensaba más en lo que venía, que en lo que había. Había recibido una propuesta y no dude en aceptarla. Tenía previsto quedarme hasta el 15 de febrero en Playa del Carmen y la verdad es que no veía la hora de que ese día llegara. Ya no quería estar acá, el cansancio, la falta de opciones y la particularidad de la gente hacía que quisiera irme lo antes posible. Por otro lado seguía intentado hacer mi trabajo de la mejor manera posible. Buscaba gente nueva, para rediseñar el esquema de trabajo y no la conseguía, eso me frustraba. Había conocido a una chica que prometía ser buena camarera, sin embargo el día en que debía venir no llego, dos días más tarde volvió para excusarse y me contó que su novio había participado de un accidente el martes anterior del cual salvo su vida milagrosamente, yo por mi parte recordaba haber leído sobre el siniestro en el diario. Playa era al fin de al cabo un pueblo, donde todo se sabía, un pueblo chico al fin...

lunes, 17 de enero de 2011

Día 30: El espíritu Maya estaba dando vuelta

Era mi día libre, el primero desde que había empezado a trabajar, así que estaba feliz. No lo dudé y con Verónica fuimos de excursión. nos levantamos muy temprano aunque un poco más tarde de lo previsto y nos dirigimos hacía la agencia desde donde partiría el tour. Luego de algunas horas de viaje arribamos al destino tan deseado, Chichentiza, una de las siete maravillas del mundo. Las antiguas pirámides y lo que quedaba del pueblo daba cuenta de lo que había sido la civilización maya. Todo lo que aprendimos y lo que vimos nos impactó muchísimo, era impresionante estar frente a semejante obra y poder acceder a parte del testimonio de una civilización tan importante como la maya. Las horas que allí pasamos fueron únicas e intentamos aprovecharlas al máximo. Sacamos tantas fotos como pudimos y socializamos con otros turistas. Luego ya bastante cansados nos dirigimos hacía un celote en Valladolid, la caverna y todo su interior hicieron el viaje aún mejor, y a pesar de que el agua estaba fría hubieron quienes se animaron. La humedad, el frío del agua y los veinte metros de profundidad de la laguna hicieron que no me animará a nadar, no obstante aproveche todo el tiempo del mundo para fotografiar todo lo que estaba a mi alcance. Una vez que dejamos ese lugar nos dirigimos hacia el centro de la ciudad, para poder apreciar, su plaza principal, su iglesia y otros edificios. Ya casi de noche emprendimos el viaje de retorno, al llegar a casa y luego de escribir un poco nos pusimos a cocinar y disfrutar de la noche, quería después de todo apreciar el momento vivido, sabía que al día siguiente otra realidad me esperaba...

Día 25, 26, 27, 28 y 29: Más de lo mismo

La semana, parecía tranquila, pero no sería así. Cuando uno trabaja en un restaurante, nunca tiene una semana tranquila y la realidad de México no ayudaba tampoco. Me había visto obligado a echar a dos chicos más y una vez más tenía que rearmar un equipo de trabajo, algo no fácil por esta tierra. Con el correr de los días, entre a unas cuantas personas, algunas pasaron sin pena ni gloria y otras tuvieron mejor fortuna. Encontré a un chico maya para trabajar, que era realmente excelente. Entrené a una chica con la que terminé discutiendo horas más tarde y para finalizar la semana incorporé a un chico italiano, que prometía ser bueno. El stress ocasionado por tener que renovar a casi todo un equipo de trabajo se le sumaba el hecho de que había llovido casi toda la semana y como es un restaurante al aire libre, nos complicaba más de la cuenta. Sin embargo yo mantenía la calma, estudiaba el folklore de los lugareños y ya tomaba como normal el hecho de viajar en taxi con los choferes y sus novias, algo muy común por esta zona. La ciudad quedaba vacía de a por momento y con el cambio de temporada, el público se renovaba. Descubrí también que en Playa solo se puede nadar o hacer buceo, dado que no hay nada más para hacer. La ciudad tiene una calle principal que es la quinta y después de eso no hay mucho más. También me asombraba día a día la cantidad de Argentinos que había, no solo viviendo sino de turistas. El domingo 16 fue mi último día de trabajo, al menos hasta el martes próximo cuando retornaría al restaurante, pero tener un día de descanso me cambiaba el humor, de hecho había estado trabajando desde que llegue y me merecía un descanso, de todos modos pensaba aún que pasaría en Playa y en mi lugar de trabajo la semana entrante...

martes, 11 de enero de 2011

Día 24: Uno busca lleno de esperanza

Era el 11 del primer mes del año del 2011. Demasiados números unos. Sin lugar una fecha histórica. Ese día me costo despertarme más de la cuenta, no se porque, pero estaba demasiado cansando, tal vez por los días acumulados de trabajo, o quizas simplemente porque quería dormir un poco más. Al llegar al trabajo el día comenzó normal, como si fuera un día cualquiera, pero con el correr de los minutos, nos dimos cuenta que no lo sería. Esa mañana tuvimos más clientes que nunca y entre ellos, lo tuvimos a Juan Gabriel, la presencia de tan grande estrella, no solo revolucionó la cuadra, si no el día en general. Con él mantuvimos una muy amena charla, debo decir que es además es un hombre muy educado y muy gentil, así como que me sorprendió que adivinará mi signo del zodiaco chino y que me explicará que esa era la razón de porque sentía siempre tanto frio. Todos estábamos muy contento con su presencia, después de todo estábamos ante un número uno indiscutible, y así seguíamos con los unos. Creo que desde que había empezado a trabajar ahí nunca habíamos tenido un día tan ocupado y si bien terminé muy cansado, debo decir que fue un día muy lindo. Ese día nada importaba, los uno se habían apoderado del mundo. Habían pasado cien años desde un acontecimiento así y no pasararía desavertido. Al llegar a casa, cansado y a sabienda que tenía una semana más que agitada por delante, era felíz, ese día me senté y volví a escribir...

lunes, 10 de enero de 2011

Día 21, 22 y 23: La calma del mar llega su orrilla

Después de una semana agitada todo parecía encaminarse, las cosas en el trabajo andaban mejor, de a poco todo se estabilizaba y empezaba a encuadrar. Ya había cobrado mi primer sueldo y estaba muy feliz con eso. Sentía que había estado en ese lugar por mucho tiempo y a penas había pasado una semana que había iniciado a trabajar. Empezaba a conocer a la gente del lugar y su folklore. Estando ahí descubrí que Playa es un lugar viciado por el narcotráfico y la corrupción y que como todo pueblo pequeño que vive pura y exclusivamente del turismo tenía su época de esplendor en temporada alta y en la baja moría hasta convertirse en un pueblo fantasma. Lo que el turista veía del lugar era muy distinto a la realidad que le tocaba vivir a quienes aquí vivían. De a poco también empezaba a sentirse el invierno caribeño, muy distinto por cierto del que estaba acostumbrado allá, más en el norte, en mi querida New York. Si bien no hacía frío realmente, la temperatura baja considerablemente a la noche y refrescaba bastante aunque rara vez necesitaba uno abrigarse. Playa era en algún punto un mundo de contrastes, por un lado, los turistas que disfrutaban de sus vacaciones y por el otro la gente que trabajaba día y noche para poder vivir. Los sueldos claramente, no eran los del norte del continente, pero para los Mexicanos eran buenos, aún si debían trabajar duramente para conseguir el dinero que anhelaban, mientras tanto yo observaba, escribía e planeaba futuros alternativos. De a poco el lugar se me hacía familiar y las cosas encontraban su camino, yo frente a ese panorama solo debía tomar una decisión, pero no tenía prisa, aún había mucho trabajo para hacer...

viernes, 7 de enero de 2011

Día 19 y 20: El oasis del Caos

Los días pasaban y me costaba cada vez más armar un equipo de trabajo. Mucha gente iba a resturante a buscar trabajo y prometían cielo y tierra, pero luego no volvian y si lo hacian descubría que no sabían trabajar o en su defecto tenían demasiadas pretenciones. Nunca se me había hecho tan difícil armar un equipo de trabajo, no obstante había aceptado este empleo, porque generaría un ingreso y porque era un desafio, así que sabía que tarde o temprano las cosas funcionarían. Después de unos días de mucho stress me levante el viernes 7 de muy mal humor, con el correr del día las cosas cambiarían, empecé a reogarnizarme a tomarme todo con más tranquilidad y de a poco me empecé a relajar, claro que ayudó mucho los resultados obtenidos hasta el momento, si bien no había logrado aún lo que buscaba, el restaurante empezaba a funcionar, los empleados que tenía empezaban a responderme como quería, y el lugar empezaba a funcionar, los dueños estaban más que contentos conmigo y querían que me quedara. Si bien mi presente no era el mejor, podía ver un buen futuro en ese lugar, mi trabajo era respetado y valorizado y si bien yo ya tenía una decisión tomada, la situación por la que atravesaba me hacia pensar en otras posibilidades. Ese viernes las cosas habían salido más que bien, y al finalizar, a pesar de que estaba muy cansado fui hasta la 12 calle a encontrame con unos amigos y a difrutar un poco del BPM festival, al cual había denominado festival fresa de la canción. Por la zona había mucha gente linda y muy bien maquillada, la música invitaba a la fiesta y la presencia de Hernan Cattaneo lo hacía más interesante, así que no lo dude, fui hasta ahí y empecé a buscar a mis amigos, y si bien no los encontré pasé un buen tiempo entre tanta gente, desués de estar un buen tiempo ahí decidí volver a la casa, ya había tenido mi cuota necesaría de fiesta y después de todo sabía que al día siguiente me esperaba nuevamente un desafio...

jueves, 6 de enero de 2011

Día 16, 17 y 18: Esa vieja adicción

Había empezado a trabajar en un restaurante italiano en Playa y si bien trabajar hace bien al espíritu y al bolsillo, no sabía bien por que lo hacia. El primer día de trabajo me dí cuenta que el lugar estaba muy desorganizado. Al finalizar mi jornada, el dueño me propuso gerenciar el restaurante, es decir, reorganizar el lugar por completo, lo cual incluía, crear un buen equipo laboral, mejorar las ventas e optimizar los recursos disponibles, vale recordar que habían abierto apenas un días atrás y en un estado de desorganización muy grande. Los empleados no contaban con experiencia alguna y uno de los dueños había entrado a este tipo de negocio solo un año atrás y solo había cosechado malos resultados, aunque conocía el rubro, por cuestiones familiares. Todo aquel que haya trabajado en un restuarante, sabe que esto no es para cualquiera y que el nivel de stress es muy alto, y si bien estaba haciendo lo que hice durante tantos año, debo decir que me ponía nervioso. Me sentía nuevamente como un técnico de un equipo de fútbol que esta peleando el decenso y lo contratan a media temporada, para salvar el equipo. Tuve que hacer profundos cambios, necesitábamos cambiar prácticamente todo, los menúes, los vinos, los platos, en si podemos decir que todo. Lo más difícil era armar un buen equipo; no lograba encontrar gente profesional. Al segundo día me vi obligado a echar a cuatro personas y salir corriendo a buscar a otras dos. Si bien me estaba volviendo loco, conseguía de a poco armar el tipo de restaurante que quería.
Recordaba todos los años que pase trabajando en este rubro y como es el mundo de la gastronomía y me veía una vez más volviendo a una vieja adicción.... el restaurante.

martes, 4 de enero de 2011

Día 15: Todo vuelve

Esa mañana, me levante algo tarde, no quería despertarme en verdad. Había algo en mí que me pedía seguir durmiendo. El cansancio era muy grande, pero no había motivo aparente. Después con el correr de las horas me di cuenta que lo que me pasaba era que no quería enfrentar lo que venía, eso que era inevitable; debía buscar trabajo y ese era el día. Cuando llegué me propuse trabajar, no solo para generar ingresos y así poder estar más tiempo en Playa sino porque debía hacerlo. Me había tomado un año sabático y me había prometido que el 2011 lo empezaría trabajando. En Playa tenía la excusa perfecta.
Después de dar vueltas, cocinar, comer, lavar y hasta escribir, emprendí mi viaje hacia el centro de la ciudad en busca de eso que sabía iba a encontrar. Hacia calor y yo vestido como muñeco de torta. Mire un poco y me limité a aplicar solo en 3 restaurantes. Al finalizar la recorrida ya tenía 3 trabajos, uno de ellos, el último, me necesitaba urgentemente, fue así que me quede toda la noche y que descubrí que era un restaurante nuevo, que estaba muy desorganizado y que había mucho para hacer. A las horas, y después de ver como trabajaba, el dueño tuvo una charla conmigo y me propuso manejar el restaurante, otra vez volvía a mis andadas, otra vez volvía al restaurante. Esa noche no pude dormir pensando en lo que venía, era volver al desafío. Sabía que al día siguiente me esperaba una ardua tarea, la de volver al ruedo...

lunes, 3 de enero de 2011

Día 14: Nada que hacer, mucho que hacer

Me desperté temprano, otra cosa no tenia para hacer después de todo. Desayuné, algo que no es muy habitual en mi y salí a caminar. Luego hice lo que todas las personas hacen, es decir nada. Me tomé todo el tiempo del mundo para no hacer nada. El gusto a las vacaciones empezaba a hacerme cosquillas. Junte coraje y con mis amigos salimos al supermercado, después de todo todavía quedaba mucho por comprar. Era como estar en el coto del spinetto pero era el chedraui de Playa. No estaba con mis hermanas sino con amigos, pero salvando las distancias era lo mismo. Compramos de todo. Luego fuimos a imprimir mis CV, debo ser sincero y decir que no tenía la menor ganas de trabajar, pero debía hacerlo, hacia mucho que estaba disfrutando de la vida tan abiertamente y era hora de trabajar, además generar más ingresos me ayudaría para lo que vendría, fue así que fuimos hasta un ciber café e imprimí mi CV. Luego llegamos a casa, dejamos todo en orden y nos dirigimos a la playa, nos merecíamos un poco más de sol y también un poco de fresca agua azul. Empezamos a caminar con la idea de encontrar en la playa a Verónica, que había dejado la casa tiempo antes que nosotros. Al llegar y para nuestra sorpresa descubrimos que la playa a la que habíamos ido no era tan linda como la del día anterior, es decir había más caracoles y algas, a eso le debíamos sumar que el sol había desaparecido y empezaba a hacer un frío, aun así nos quedamos un tiempo ahí y a pesar del frío, decidí meter mis pies al mar. Luego al caer la noche, abandonamos el lugar en el que estábamos y salimos a caminar; así encontré restaurante a los que podría ir a aplicar luego. Ya bastante tarde decidimos volver a la casa. Cocinar un rico ceviche que supimos acompañar con sardinas y una muy rica baguette que encontramos en una panadería francesa (No es fácil, encontrar buen pan en México, al menos para nosotros). Ya de noche, nos tomamos todo el tiempo del mundo para trabajar sobre la rutina teatral y escribir un poco más, cuando el sueño me venció, me fui a dormir... mañana vendría un nuevo día....

sábado, 1 de enero de 2011

Día 13: El Día después de mañana

A pesar de que me había ido a dormir como a las seis de la mañana, a eso de las once ya estaba de pie. Me bañe, me vestí y he hice todo lo que tenía que hacer, parecía un chico el día después de reyes, es que efecto me sentía como tal, después de todo y de tanto esperar iba a ir a playa. El sol ardía, por ende se podía sentir el calor en el cuerpo, necesitábamos refrescarnos así que fuimos a buscar a Verónica al hotel y todos juntos nos dirigimos a Mamasita, una playa privada bastante alegada de la casa, donde habíamos estado la noche anterior, como parte de los festejos. Ahí pasamos lo que restaba de de día, tomando sol, nadando en la azulada agua caribeña y disfrutando del día. Como a las cuatro, los deje a ellos ahí y me fui a caminar, primero por la playa y luego por la quinta avenida. Me tomé todo el tiempo del mundo para disfrutar de un día perfecto. Miré vidrieras, gente linda, todo enmarcado dentro de una arquitectura paradisíaca. Al llegar a la casa, con el peso del calor tras mi espalda me tome un largo y pronunciado baño y me senté a escribir hasta que llegaron mis amigos. Una vez todos juntos nuevamente decidimos cocinar una pasta (para variar) charlamos largo y tendido y nos dedicamos a la escritura hasta que nos fuimos a dormir......

Día 11 y 12: La fiesta interminable

Todo estaba preparado para abandonar Oaxaca y emprender nuestro viaje hacia Playa del Carmen. Habíamos empacado todo, guardado todo, tirado todo aquello que no servía. Todo lo hicimos muy rápido, yo había llegado hacía unos minutos de mi viaje por las pirámides y en poco tiempo hicimos todo lo que había que hacer, de hecho hasta tuvimos tiempo de cocinar una rica pasta, luego ya si, nos dirigimos hacia la terminal, una vez ahí tomamos un ADO con rumbo al estado de Tabasco, previo paso por Veracruz. La idea era pasar un día en Villa Hermosa antes de arribar a nuestro destino. Al llegar a nuestra primera parada, descubrimos que la ciudad no era lo que esperábamos, a eso debíamos sumarle un claro cansancio producto de 12 horas de viaje, un calor agobiante (típico de la región) y un muy molesto equipaje; aún así nos hicimos de coraje y decidimos recorrer la ciudad. Una hora más tarde regresamos a la estación y cambiamos los pasajes por un micro que salía dos horas antes. A ese punto, dos horas eran, al menos, dos horas. Ahí esperamos mucho tiempo hasta que pudimos tomar el bus que nos traería a Playa del Carmen, luego sobrevino otras largas 12 horas de viaje, y si bien todo fue bastante tedioso, se justificó al llegar al paraíso prometido. El calor y el azul del mar que se confundía con el azul del cielo hacía de todo este lugar, una postal mágica. Lo primero que hicimos fue ir al departamento y dejar las cosas, bañarnos y salir corriendo a conocer la ciudad. La quinta avenida, la playa, sus alrededores y la gente, todo era muy lindo, de hecho el día se haría perfecto cuando entramos a comer a un muy buen restaurante. Luego al caer la noche fuimos a buscar a Verónica que llegaba desde New York para pasar la fiestas con nosotros, entre besos y abrazos, decidimos ir a cenar a un lugar de mariscos (debo decir que quede enamorado de mi hamburguesa de camarones). Después de comer y caminar por la avenida principal decidimos ir a la playa a esperar el nuevo año. A las doce la alegría de toda la gente que se encontraba ahí, junto a los fuegos artificiales y la música hacían que el momento fuese único. Nos hicimos la promesa de pasar el próximo año nuevo en otra ciudad y nos sumamos a la fiesta que se vivía tanto en la playa como en la ciudad. Todo era alegría, un nuevo año asomaba y prometía mucho y nosotros una vez más nos encontrábamos festejando juntos, ya no en New York, ya no con Champagne; esta vez era Playa del Carmen, esta vez era con Rhum…..

Día 9 y 10: Los últimos minutos en Oaxaca

Me quedaban solo dos días en Oaxaca antes de viaja hacia Yucatán, así que decidí aprovecharlos a más no poder. El primero de mis dos últimos días lo use para escribir, preparar una rutina teatral, recorrer la ciudad, sacar algunas fotos y comprar algún que otro regalito. Ya para el segundo, me levanté muy temprano y me dirigí hacia la catedral para encontrarme con Sophie (amiga de Raquel, que no conocía hasta entonces) con el fin de hacer junto a ella un pequeño tours por las afueras de la ciudad. El primero de los lugares a los que fuimos fue un pueblito a unos veinte minutos de donde estábamos, una vez allí, en Santa María de Tule, apreciamos la gran atracción del poblado, es decir el árbol de Tule, el cual es famosos por ser el árbol más ancho del mundo; record que ostenta gracias a sus catorce metros de diámetro. Luego fuimos a una fabrica de telas, cuyo modelo de producción era artesanal, con fuertes raíces prehistóricas. Desde allí nos dirigimos a una fabrica de mezcal, donde pudimos apreciar la elaboración de la más típica bebida Oaxaqueña y entre trago y trago descubrimos su historia y también un poco de la historia de Oaxaca. Ahí supe que Benito Juarez así como Porfirio Díaz eran de dicha tierra. Las horas se sucedían y yo esperaba cada vez más ansioso ir a las ruinas de Mitla. El momento tan esperado llegó y pude disfrutar de los templos Zapotencos y de su historia con total plenitud, al fin y al cabo era mi primera experiencia con culturas prehistóricas desde que había llegado a México. Después de Mitla nos dirigimos a Hierve el Agua, un lugar mágico que para llegar es necesario cruzar toda una montaña por un camino poco amistoso, pero la vista privilegiada y la hermosura del lugar lo justifica. Una vez terminada nuestra aventura por dicho lugar, emprendimos la vuelta. Con dos horas de retraso llegué a la casa y rápidamente preparé las cosas. A penas tuvimos tiempo de comer algo y nos vimos obligados a salir corriendo para no perder nuevamente nuestro micro, ese que nos llevaría a Playa del Carmen….