lunes, 31 de enero de 2011
Día 40, 41, 42: Mientras miro las nuevas olas
jueves, 27 de enero de 2011
Día 38 y 39: La marea esta tranquila
martes, 25 de enero de 2011
Día 37: Atado a un sentimiento
Día 36: Como perros y gatos
domingo, 23 de enero de 2011
Día 34 y 35: La calma después de la tormenta
sábado, 22 de enero de 2011
Día 31, 32, 33: Otra vez sopa
lunes, 17 de enero de 2011
Día 30: El espíritu Maya estaba dando vuelta
Día 25, 26, 27, 28 y 29: Más de lo mismo
martes, 11 de enero de 2011
Día 24: Uno busca lleno de esperanza
lunes, 10 de enero de 2011
Día 21, 22 y 23: La calma del mar llega su orrilla
viernes, 7 de enero de 2011
Día 19 y 20: El oasis del Caos
jueves, 6 de enero de 2011
Día 16, 17 y 18: Esa vieja adicción
Recordaba todos los años que pase trabajando en este rubro y como es el mundo de la gastronomía y me veía una vez más volviendo a una vieja adicción.... el restaurante.
martes, 4 de enero de 2011
Día 15: Todo vuelve
Después de dar vueltas, cocinar, comer, lavar y hasta escribir, emprendí mi viaje hacia el centro de la ciudad en busca de eso que sabía iba a encontrar. Hacia calor y yo vestido como muñeco de torta. Mire un poco y me limité a aplicar solo en 3 restaurantes. Al finalizar la recorrida ya tenía 3 trabajos, uno de ellos, el último, me necesitaba urgentemente, fue así que me quede toda la noche y que descubrí que era un restaurante nuevo, que estaba muy desorganizado y que había mucho para hacer. A las horas, y después de ver como trabajaba, el dueño tuvo una charla conmigo y me propuso manejar el restaurante, otra vez volvía a mis andadas, otra vez volvía al restaurante. Esa noche no pude dormir pensando en lo que venía, era volver al desafío. Sabía que al día siguiente me esperaba una ardua tarea, la de volver al ruedo...
lunes, 3 de enero de 2011
Día 14: Nada que hacer, mucho que hacer
sábado, 1 de enero de 2011
Día 13: El Día después de mañana
Día 11 y 12: La fiesta interminable
Todo estaba preparado para abandonar Oaxaca y emprender nuestro viaje hacia Playa del Carmen. Habíamos empacado todo, guardado todo, tirado todo aquello que no servía. Todo lo hicimos muy rápido, yo había llegado hacía unos minutos de mi viaje por las pirámides y en poco tiempo hicimos todo lo que había que hacer, de hecho hasta tuvimos tiempo de cocinar una rica pasta, luego ya si, nos dirigimos hacia la terminal, una vez ahí tomamos un ADO con rumbo al estado de Tabasco, previo paso por Veracruz. La idea era pasar un día en Villa Hermosa antes de arribar a nuestro destino. Al llegar a nuestra primera parada, descubrimos que la ciudad no era lo que esperábamos, a eso debíamos sumarle un claro cansancio producto de 12 horas de viaje, un calor agobiante (típico de la región) y un muy molesto equipaje; aún así nos hicimos de coraje y decidimos recorrer la ciudad. Una hora más tarde regresamos a la estación y cambiamos los pasajes por un micro que salía dos horas antes. A ese punto, dos horas eran, al menos, dos horas. Ahí esperamos mucho tiempo hasta que pudimos tomar el bus que nos traería a Playa del Carmen, luego sobrevino otras largas 12 horas de viaje, y si bien todo fue bastante tedioso, se justificó al llegar al paraíso prometido. El calor y el azul del mar que se confundía con el azul del cielo hacía de todo este lugar, una postal mágica. Lo primero que hicimos fue ir al departamento y dejar las cosas, bañarnos y salir corriendo a conocer la ciudad. La quinta avenida, la playa, sus alrededores y la gente, todo era muy lindo, de hecho el día se haría perfecto cuando entramos a comer a un muy buen restaurante. Luego al caer la noche fuimos a buscar a Verónica que llegaba desde New York para pasar la fiestas con nosotros, entre besos y abrazos, decidimos ir a cenar a un lugar de mariscos (debo decir que quede enamorado de mi hamburguesa de camarones). Después de comer y caminar por la avenida principal decidimos ir a la playa a esperar el nuevo año. A las doce la alegría de toda la gente que se encontraba ahí, junto a los fuegos artificiales y la música hacían que el momento fuese único. Nos hicimos la promesa de pasar el próximo año nuevo en otra ciudad y nos sumamos a la fiesta que se vivía tanto en la playa como en la ciudad. Todo era alegría, un nuevo año asomaba y prometía mucho y nosotros una vez más nos encontrábamos festejando juntos, ya no en New York, ya no con Champagne; esta vez era Playa del Carmen, esta vez era con Rhum…..
Día 9 y 10: Los últimos minutos en Oaxaca
Me quedaban solo dos días en Oaxaca antes de viaja hacia Yucatán, así que decidí aprovecharlos a más no poder. El primero de mis dos últimos días lo use para escribir, preparar una rutina teatral, recorrer la ciudad, sacar algunas fotos y comprar algún que otro regalito. Ya para el segundo, me levanté muy temprano y me dirigí hacia la catedral para encontrarme con Sophie (amiga de Raquel, que no conocía hasta entonces) con el fin de hacer junto a ella un pequeño tours por las afueras de la ciudad. El primero de los lugares a los que fuimos fue un pueblito a unos veinte minutos de donde estábamos, una vez allí, en Santa María de Tule, apreciamos la gran atracción del poblado, es decir el árbol de Tule, el cual es famosos por ser el árbol más ancho del mundo; record que ostenta gracias a sus catorce metros de diámetro. Luego fuimos a una fabrica de telas, cuyo modelo de producción era artesanal, con fuertes raíces prehistóricas. Desde allí nos dirigimos a una fabrica de mezcal, donde pudimos apreciar la elaboración de la más típica bebida Oaxaqueña y entre trago y trago descubrimos su historia y también un poco de la historia de Oaxaca. Ahí supe que Benito Juarez así como Porfirio Díaz eran de dicha tierra. Las horas se sucedían y yo esperaba cada vez más ansioso ir a las ruinas de Mitla. El momento tan esperado llegó y pude disfrutar de los templos Zapotencos y de su historia con total plenitud, al fin y al cabo era mi primera experiencia con culturas prehistóricas desde que había llegado a México. Después de Mitla nos dirigimos a Hierve el Agua, un lugar mágico que para llegar es necesario cruzar toda una montaña por un camino poco amistoso, pero la vista privilegiada y la hermosura del lugar lo justifica. Una vez terminada nuestra aventura por dicho lugar, emprendimos la vuelta. Con dos horas de retraso llegué a la casa y rápidamente preparé las cosas. A penas tuvimos tiempo de comer algo y nos vimos obligados a salir corriendo para no perder nuevamente nuestro micro, ese que nos llevaría a Playa del Carmen….