Ya era de noche cuando arribe al DF, en el aeropuerto se encontraba mi amigo esperando desde hacía rato el vuelo que parecía nunca llegar. Luego de un breve pero emotivo reencuentro nos dirigimos hacia la casa de un amigo de este. No tarde mucho en darme cuenta que México es la ciudad de las escaleras y que sin el metro no llegaría lejos.
Nos dirigimos hacia Colonia electricistas, al noroeste de la ciudad, ahí estaba esperándonos Cesar y su familia, para darnos una cálida bienvenida. Dejé el equipaje y de inmediato nos subimos a un auto para ir a comer algo a Colonia Juarez, la felicidad me abordaba, no solo estaba en México, sino que después de tantos meses volvería a comer verdadera comida Mexicana. El restaurante se encontraba en la zona rosa, una de las partes más transitadas de la ciudad, luego de comer recorrimos un poco, ahí conocí a la Diana Cazadora y al Ángel de la independencia, después volvimos a la casa, al día siguiente nos esperaba una agenda extensa.
A eso de las 8:00 de la mañana de un fresco lunes me desperté, una hora más tarde estábamos con mi amigo en el metro rumbo a la Basílica de Guadalupe donde pasaríamos toda la mañana. La nueva Basílica, la vieja (con cierta inclinación, producto de viejos terremotos) así como los otros templos, el parque Tepeyac y sus alrededores me deslumbraron, el lugar era imponente y la cantidad de fieles (no turistas) era impresionante a pesar de ser el primer día hábil de la semana. Luego con el correr de las horas nos dirigimos rumbo a Zócalo (en el centro de México) donde pudimos apreciar edificios como el de Bellas Artes, el correo o la catedral, así como las muchas iglesias que uno puede encontrar aquí, además de recorrer durante toda la tarde el casco histórico del DF. A pesar de mis ansias por conocer todo lo que me era posible, supimos hacernos una pausa para almorzar en el restaurante de la Academia Mexicana. Hacia la noche nos dirigimos a la condesa para encontrarnos con Ana y Quique, dos amigos de Ivan (mi amigo) que nos esperaban en una pintoresca casa de té, luego decidimos recorrer la zona y nos fuimos a un bar que quedaba cerca, donde comimos ricas tostadas de pulpo que supimos acompañar con unas buenas cervezas, cuando arribó Cesar (el único que faltaba) partimos a un bar en Coyoacán que descubrimos que estaba cerrado motivo por el cual terminamos la noche en la casa de Quique tomando unas buenas chelas y un rico mezcal.
La mañana siguiente no fue fácil, no solo porque el cansancio se había apoderado de mí, sino porque la contaminación ambiental que hay en el DF había empezado hacer efecto en mi cuerpo, de pronto caí preso de mi terrible alergia, fue así que decidimos cancelar el viaje a las pirámides y recorrer un poco la ciudad. La Casa Azul (Museo Frida Kalho) o el Museo de Leon Trosky fueron los lugares más destacados que supimos visitar ese día. Luego volvimos a la casa para preparar el próximo viaje. A eso de las 22.30 partiríamos rumbo a Oaxaca donde pasaríamos los días por venir. No obstante mi estado de salud empezaba e empeorar, la terrible tos hacía que todos se voltearan para verme, a eso se le sumaba un fuerte dolor de cabeza y un estado de congestión que se apoderaba de todo mi cuerpo. La situación empezaba a preocuparme y no veía la hora de dejar el DF para poder escapar de la contaminación ambiental que tanto daño me hacia. De hecho y por un momento pensé en volver a Buenos Aires. Junte coraje y decidimos salir corriendo a la estación de micros, los días venideros me traerían alguna respuesta.
Nos dirigimos hacia Colonia electricistas, al noroeste de la ciudad, ahí estaba esperándonos Cesar y su familia, para darnos una cálida bienvenida. Dejé el equipaje y de inmediato nos subimos a un auto para ir a comer algo a Colonia Juarez, la felicidad me abordaba, no solo estaba en México, sino que después de tantos meses volvería a comer verdadera comida Mexicana. El restaurante se encontraba en la zona rosa, una de las partes más transitadas de la ciudad, luego de comer recorrimos un poco, ahí conocí a la Diana Cazadora y al Ángel de la independencia, después volvimos a la casa, al día siguiente nos esperaba una agenda extensa.
A eso de las 8:00 de la mañana de un fresco lunes me desperté, una hora más tarde estábamos con mi amigo en el metro rumbo a la Basílica de Guadalupe donde pasaríamos toda la mañana. La nueva Basílica, la vieja (con cierta inclinación, producto de viejos terremotos) así como los otros templos, el parque Tepeyac y sus alrededores me deslumbraron, el lugar era imponente y la cantidad de fieles (no turistas) era impresionante a pesar de ser el primer día hábil de la semana. Luego con el correr de las horas nos dirigimos rumbo a Zócalo (en el centro de México) donde pudimos apreciar edificios como el de Bellas Artes, el correo o la catedral, así como las muchas iglesias que uno puede encontrar aquí, además de recorrer durante toda la tarde el casco histórico del DF. A pesar de mis ansias por conocer todo lo que me era posible, supimos hacernos una pausa para almorzar en el restaurante de la Academia Mexicana. Hacia la noche nos dirigimos a la condesa para encontrarnos con Ana y Quique, dos amigos de Ivan (mi amigo) que nos esperaban en una pintoresca casa de té, luego decidimos recorrer la zona y nos fuimos a un bar que quedaba cerca, donde comimos ricas tostadas de pulpo que supimos acompañar con unas buenas cervezas, cuando arribó Cesar (el único que faltaba) partimos a un bar en Coyoacán que descubrimos que estaba cerrado motivo por el cual terminamos la noche en la casa de Quique tomando unas buenas chelas y un rico mezcal.
La mañana siguiente no fue fácil, no solo porque el cansancio se había apoderado de mí, sino porque la contaminación ambiental que hay en el DF había empezado hacer efecto en mi cuerpo, de pronto caí preso de mi terrible alergia, fue así que decidimos cancelar el viaje a las pirámides y recorrer un poco la ciudad. La Casa Azul (Museo Frida Kalho) o el Museo de Leon Trosky fueron los lugares más destacados que supimos visitar ese día. Luego volvimos a la casa para preparar el próximo viaje. A eso de las 22.30 partiríamos rumbo a Oaxaca donde pasaríamos los días por venir. No obstante mi estado de salud empezaba e empeorar, la terrible tos hacía que todos se voltearan para verme, a eso se le sumaba un fuerte dolor de cabeza y un estado de congestión que se apoderaba de todo mi cuerpo. La situación empezaba a preocuparme y no veía la hora de dejar el DF para poder escapar de la contaminación ambiental que tanto daño me hacia. De hecho y por un momento pensé en volver a Buenos Aires. Junte coraje y decidimos salir corriendo a la estación de micros, los días venideros me traerían alguna respuesta.
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