viernes, 24 de diciembre de 2010

Día 5: Noche de rábanos y otras yerbas

Ya hacía un tiempo largo que estaba en la casa reposando e intentando recuperarme de mi alergia cuando mi amigo me propuso encontrarnos con Raquel y sus amigos en el Zócalo (centro de Oaxaca) para ver la tradicional fiesta de los rábanos. Me contaron que por esta zona hay una gran producción de rábanos y que después de seis meses de trabajo celebran la cosecha con una fiesta, es así que en la plaza principal se colocan puestos donde (quienes se anotaron previamente) exponen piezas creadas con dicho vegetal. Hay todo tipo de figuras y las temáticas pueden variar mucho. La gente hace una larga cola para desfilar en frente de ellos y así poder observarlos de cerca. La plaza estaba llena y prácticamente era imposible caminar, los flashes fotográficos hacían que uno no viera ni siquiera a quien tenía en frente, fue así que sin dudarlo decidimos cambiar de rumbo y volver a dicho evento más tarde. Nos dirigimos primero a la feria del libro, que se organizaba a unas cuadras de ahí, pequeña pero interesante pude conseguir en ella algunos libros sobre leyendas urbanas de la región, luego y ya algo casados de tanto caminar, nos decidimos y fuimos a un bar ubicado a dos cuadras de la catedral una vez ahí y a pesar del frío nos sentamos en la terraza para poder comer algo y hablar un poco. La vista era privilegiada, y si bien la noche era fresca, la velada era muy amena. Los amigos de Raquel eran personas muy amables con quienes daba gusto compartir una charla. Atrás nuestro y de fondo teníamos una representación religiosa, típicas por estas fechas, y desde nuestro costado pudimos apreciar los fuegos artificiales. La noche trascurría y de a poco empezaba a conocer más y más a esa gente, con los minutos me sentía un afortunado de poder estar ahí, al terminar la noche ya sentía que los conocía a todos. Conocí por ejemplo a Lucero, una chica californiana de origen mexicano, que estaba viajando como nosotros o a Paulina, bióloga y periodista, amante de las letras, con quien tuve el placer de compartir un dialogo más que ameno sobre libros e historias de gente en sus 30.

Ya de medianoche decidimos irnos del bar, claro recordamos que aún nos faltaba ver los rábanos y no podíamos volver a nuestras casas sin haberlos visto, así que nos dirigimos hacia el Zócalo. Al llegar ahí y para sorpresa nuestra, descubrimos que aún había mucha gente, pero ya no nos importaba, así que nos lanzamos a la aventura de intentar verlos y fotografiarlos como lo habían hecho, durante toda la noche, tantos otros. Las figuras eran impresionante y aun mas imponente era ver a toda esa gente felíz y orgullosa de su esfuerzo. Al finalizar el recorrido tenía en mi haber un montón de fotografías, es que yo, como otros, quería guardar ese momento, después de todo solo se daba una noche al año. A eso de la una, habíamos terminado de ver todo lo que teníamos que ver y decidimos acompañar a uso de los chicos a uno de los bares mas populares de la ciudad, que además era el centro de reunión de la gente con la que empezaba a frecuentar. Al llegar ahí, nos despedimos y acompañamos a Raquel y a Érica hacia la casa de esta para luego volver a nuestra morada. La noche ya no era tan fresca y las distancias eran corta, en el camino, mantuve una muy inda charla con Érica en la cual ella me contaba de su cariño por el teatro y me alentaba a dar clases de actuación en esta ciudad. Al llegar a su casa, nos despedimos y volvimos hacia la nuestra. Tome un baño caliente y me fui a dormir esperando el día de noche buena, sabia que algo mas vendría…..

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