lunes, 27 de diciembre de 2010

Día 7 y 8: Free Style

Los días posterior a la noche buena fueron tranquilos. Descansé todo lo que necesité descansar. Me tomé todo el tiempo del mundo para recorrer la ciudad, sacar fotos y hacer todo lo que hace un turista. Además por primera vez desde que había llegado a México, me tomé todo el tiempo del mundo para escribir. Tenía en mente hacer este blog pero también escribir un poco más sobre la obra de teatro que empecé tiempo atrás, no se si es eso lo que quería escribir en ese momento u otra cosa, pero si sabía que quería escribir y eso estaba haciendo. Además, tuve tiempo de hacer algunos ejercicios teatrales, acá había encontrado mucha gente interesada en mis trabajos teatrales y eso me hizo muy feliz. También tuve tiempo para planear o quesería el viaje, el verdadero viaje, fue entonces que nos pusimos (con mi amigo) a buscar información vital para los días venideros. Armamos un plan de ruta, y empezamos a contactarnos con gente y de a poco también a despedirnos de la ciudad. El domingo a la noche, tal cual lo habíamos pactado fuimos a la casa de Ana, ese mismo día había llegado a Oaxaca Quique, proveniente del DF, así que más que una despedida parecía un reencuentro Lo que en un principio era una breve visita, se convertiría en una larga noche placentera, donde lo mágico, lo esotérico y lo divertido serían moneda corriente; todo claro amenizado con buena música. A Eso de las seis de la mañana decidimos volver a la casa, todavía faltaba mucho para hacer antes de partir rumbo a Playa del Carmen.....

sábado, 25 de diciembre de 2010

Día 6: Noche buena en Oaxaca

Ya era 24 de diciembre, cuando desperté, el día era fresco aunque no hacía el frío típico del 24 al que estaba acostumbrado. Intenté pasar la mañana de manera muy tranquila, tomando té y escribiendo sobre mi viaje, algo de mal humor todavía quedaba en mí, es que no había dormido muy bien y cuando eso sucede condiciona mis primeras horas; Por razones que desconozco la noche anterior se me hizo difícil, tal vez vez por el cuadro presentado producto de la alergia, que parecía nunca se iría, o quizás por otras razones que no puedo ni siquiera suponer, y nunca sabré. Lo cierto es que estaba de mal humor y ni haber soñado que me encontraba con Vasco Rossi en un café de Buenos Aires cambiaría la situación. Por eso, decidí tomarme la mañana con toda tranquilidad, después de todo era la mañana de noche buena, para mi, esta no es una fecha cualquiera, no solo porque soy un hombre religioso, sino por todo lo que significa en mi vida. Recordaba con alegría las hermosas navidades de mi infancia, rodeado de mis seres queridos o las de mi adultez bajo el frío de New York con Juliano y Ricardo (mi otra familia), sabía que este día sería especial y diferente. Por primera vez no la pasaría ni con unos ni con otros, ni con el frío abrumador del polo norte, ni con el calor acogedor del sur, pero sin con un viejo amigo de mis pagos que siempre había estado en mi ciudad adoptiva.
Con el correr de las horas mi amigo (que se había peleado con su roomate) incrementaba su mal humor, yo en cambio empezaba a tranquilizarme. Durante la tarde para cortar un poco el aire que se respiraba decidimos ir a dar unas vueltas y sacar unas fotos por la ciudad. Al volver y sabiendo la noche que nos esperaba tomamos un descanso, ya como a las ocho, recordamos que nos esperaba Ana (amiga de él, que había conocido días atrás en el DF) así que nos apresuramos y salimos corriendo en busca de regalos y algún postre (algo debíamos llevar). Recorrimos toda la ciudad con éxito relativo y llegamos a la fiesta como dos horas más tarde con lo que pudimos encontrar. En la fiesta había mucho alcohol, mucha comida y mucha gente; No solo Argentinos, sino Mexicanos, algún Italiano, una Alemana y otros, todo acompañado por la música que había preparado para los Argentinos nostálgicos, después de todo, yo sabía muy bien lo que era vivir afuera y el efecto que tenía esa música en nosotros. A Las doce tuvimos el brindis de rigor y entre abrazos y besos, intercambiamos los regalos, luego, ya con varias copas encima, algunos de los chicos se animaron con las guitarras y un poco de nuestro buen folklore. Lo que quedaría de noche sería para bailar. A eso de las seis de la mañana decidimos volver a la casa, mi alergia, todavía me maltrataría.....

viernes, 24 de diciembre de 2010

Día 5: Noche de rábanos y otras yerbas

Ya hacía un tiempo largo que estaba en la casa reposando e intentando recuperarme de mi alergia cuando mi amigo me propuso encontrarnos con Raquel y sus amigos en el Zócalo (centro de Oaxaca) para ver la tradicional fiesta de los rábanos. Me contaron que por esta zona hay una gran producción de rábanos y que después de seis meses de trabajo celebran la cosecha con una fiesta, es así que en la plaza principal se colocan puestos donde (quienes se anotaron previamente) exponen piezas creadas con dicho vegetal. Hay todo tipo de figuras y las temáticas pueden variar mucho. La gente hace una larga cola para desfilar en frente de ellos y así poder observarlos de cerca. La plaza estaba llena y prácticamente era imposible caminar, los flashes fotográficos hacían que uno no viera ni siquiera a quien tenía en frente, fue así que sin dudarlo decidimos cambiar de rumbo y volver a dicho evento más tarde. Nos dirigimos primero a la feria del libro, que se organizaba a unas cuadras de ahí, pequeña pero interesante pude conseguir en ella algunos libros sobre leyendas urbanas de la región, luego y ya algo casados de tanto caminar, nos decidimos y fuimos a un bar ubicado a dos cuadras de la catedral una vez ahí y a pesar del frío nos sentamos en la terraza para poder comer algo y hablar un poco. La vista era privilegiada, y si bien la noche era fresca, la velada era muy amena. Los amigos de Raquel eran personas muy amables con quienes daba gusto compartir una charla. Atrás nuestro y de fondo teníamos una representación religiosa, típicas por estas fechas, y desde nuestro costado pudimos apreciar los fuegos artificiales. La noche trascurría y de a poco empezaba a conocer más y más a esa gente, con los minutos me sentía un afortunado de poder estar ahí, al terminar la noche ya sentía que los conocía a todos. Conocí por ejemplo a Lucero, una chica californiana de origen mexicano, que estaba viajando como nosotros o a Paulina, bióloga y periodista, amante de las letras, con quien tuve el placer de compartir un dialogo más que ameno sobre libros e historias de gente en sus 30.

Ya de medianoche decidimos irnos del bar, claro recordamos que aún nos faltaba ver los rábanos y no podíamos volver a nuestras casas sin haberlos visto, así que nos dirigimos hacia el Zócalo. Al llegar ahí y para sorpresa nuestra, descubrimos que aún había mucha gente, pero ya no nos importaba, así que nos lanzamos a la aventura de intentar verlos y fotografiarlos como lo habían hecho, durante toda la noche, tantos otros. Las figuras eran impresionante y aun mas imponente era ver a toda esa gente felíz y orgullosa de su esfuerzo. Al finalizar el recorrido tenía en mi haber un montón de fotografías, es que yo, como otros, quería guardar ese momento, después de todo solo se daba una noche al año. A eso de la una, habíamos terminado de ver todo lo que teníamos que ver y decidimos acompañar a uso de los chicos a uno de los bares mas populares de la ciudad, que además era el centro de reunión de la gente con la que empezaba a frecuentar. Al llegar ahí, nos despedimos y acompañamos a Raquel y a Érica hacia la casa de esta para luego volver a nuestra morada. La noche ya no era tan fresca y las distancias eran corta, en el camino, mantuve una muy inda charla con Érica en la cual ella me contaba de su cariño por el teatro y me alentaba a dar clases de actuación en esta ciudad. Al llegar a su casa, nos despedimos y volvimos hacia la nuestra. Tome un baño caliente y me fui a dormir esperando el día de noche buena, sabia que algo mas vendría…..

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Día 3: Un viaje diferente

Habíamos salido de la casa de César con el tiempo justo y si no tomábamos un taxi, dudo que hubiésemos llegado a tiempo a la terminal de buses para emprender nuestro viaje a Oaxaca. Una vez ahí descubrimos que había muchísima gente esperando para abordar, no uno, sino varios micros, algunos iban donde nosotros, y otros se dirigían hacia otros destinos. El desorden del lugar y la cantidad de gente nos hacía dudar sobre cual era nuestro Bus y la hora a la que saldría, dado que según mi amigo siempre hay demoras y el panorama parecía confirmarlo. En mi espera descubrí que en México, los baños no son gratuitos, aunque si públicos, es decir, en todo lugar de aseo se cobra unas monedas para su uso. También supe que mi deteriorado estado de salud, producto de mi profunda alergia, no mejoraría pronto y que cada segundo que pasaba en el DF contribuía a empeorarlo. La desesperación por verme toser como un moribundo y los nervios por abordar el Bus lo antes posible hacía que me inquietara demasiado. En la espera aprovechamos para comer algo y sociabilizar un poco. Los minutos pasaban y para nuestra sorpresa, no se anunciaba la partida de nuestro Bus, fue así que decidimos (equipaje en mano) atravesar toda esa gente y acercarnos hacía el lugar de abordaje, fue ahí cuando nos enteramos que nuestro micro había partido hacía ya mucho y que en efecto no había presentado demora alguna. Ante nuestra mirada atónita la persona a cargo nos propuso tomar otro micro que saldría minutos más tarde, siempre y cuando no nos moleste viajar parado, y si bien la idea de estar viajando seis horas de pie no me alegraba mucho, sabía que no tenía otra opción. Recordé el cuadro médico que presentaba y no lo dudamos, fue así que minutos después nos encontrábamos viajando rumbo a Oaxaca, de pie.
Si bien pensé que el viaje sería una tortura, no solo por mi salud sino por las condiciones del viaje, debo decir que la buena onda del chofer amenizó la situación. Me quede, al lado de la puerta y mi amigo al lado del chofer. La vista era privilegiada y las historias de el hombre que manejaba el ómnibus eran realmente interesantes, fue así que conocimos la historia y el modo operandi de la compañía de viaje, lo cual nos hizo respetarla aún más. Supimos que un chofer que tenía problemas para mantenerse despierto durante el viaje y ante el acoso de una de las pasajeras, ,decidio injerir una sustancia para despertare, en una de las paradas y para tranquilizar a la señora, le dio de beber un cafe con un somnifero, cuando llegó a destino se lo contó a sus compañeros y fue así que se enteraron los jefes, días más tarde había sido desedido. Otra situación involucraba a un hombre de avanzada edad que había trabajado en la empresa durante mucho tiempo, y que durante un viaje, llamó a la central para que lo vengan a buscar, al llegar al pueblo estipulado, decidió renunciar porque ya no podía mantenerse despierto entre los viajes. También supimos que hay choferes que usan diferentes drogas para no quedarse dormidos durante el viaje, a pesar de que la compañía les hace pruebas antidopping al azar y durante todo el tiempo. Así conocimos una droga llamada Perico (no confundir con la cocaína) que puede ser tanto de elaboración nacional como de otros países de a región (lo único que cambia es el precio) y que cuyo efecto es similar al de la cocaína, así algunos choferes con cierto sueño logran mantenerse activos para realizar su viaje. Otras de las drogas mencionadas fue supertiamina , cuyo efecto era similar a la anterior y la cual contenía entre sus componentes la misma sustancia que contiene el red bull para activar la persona. Por último nos contó que hay una fruta llamada Noni, y que un jugo de la misma logra los mismos efectos; sin embargo otra de las curiosidades del viaje, que nos llamó poderosamente la atención eran los bares que encontrábamos perdidos en el medio de la nada, al preguntarle el porque de un bar al lado de la carretera y en medio de la montaña, nos contó que eran lugares donde los conductores podían descansar y también que eran los lugares donde se podía encontrar ese tipo de sustancias.
El viaje continuaba y las historias se sucedían, nos contó que hay un lugar llamado el túnel, en el camino de trayecto, y por el cual pasaríamos, y que en ese lugar estaba el diablo, así que no se debía abrir a ventanilla porque el mismo podría subirse al rodado, nos contó la historia de un chofer de la compañía que en un descuido pasó por allí con la ventanilla abierta y que pocos minutos después una pasajera vestida de negro le pidió bajarse en el medio de la nada y que este accedió, el hombre paró el micro y quedó aterrado al ver que esta mujer levitó para descender del mismo y descubrió también que no había ningún asiento vacío en el bus, dicen que al llegar a destino el chofer renunció y que las dos mujeres que estaban sentadas en los primeros asientos, debieron ser hospitalizadas. Y fue así que entre historias e historias el llegamos a destino.....

martes, 21 de diciembre de 2010

Día 2 y 3: El primer encuentro


Ya era de noche cuando arribe al DF, en el aeropuerto se encontraba mi amigo esperando desde hacía rato el vuelo que parecía nunca llegar. Luego de un breve pero emotivo reencuentro nos dirigimos hacia la casa de un amigo de este. No tarde mucho en darme cuenta que México es la ciudad de las escaleras y que sin el metro no llegaría lejos.
Nos dirigimos hacia Colonia electricistas, al noroeste de la ciudad, ahí estaba esperándonos Cesar y su familia, para darnos una cálida bienvenida. Dejé el equipaje y de inmediato nos subimos a un auto para ir a comer algo a Colonia Juarez, la felicidad me abordaba, no solo estaba en México, sino que después de tantos meses volvería a comer verdadera comida Mexicana. El restaurante se encontraba en la zona rosa, una de las partes más transitadas de la ciudad, luego de comer recorrimos un poco, ahí conocí a la Diana Cazadora y al Ángel de la independencia, después volvimos a la casa, al día siguiente nos esperaba una agenda extensa.
A eso de las 8:00 de la mañana de un fresco lunes me desperté, una hora más tarde estábamos con mi amigo en el metro rumbo a la Basílica de Guadalupe donde pasaríamos toda la mañana. La nueva Basílica, la vieja (con cierta inclinación, producto de viejos terremotos) así como los otros templos, el parque Tepeyac y sus alrededores me deslumbraron, el lugar era imponente y la cantidad de fieles (no turistas) era impresionante a pesar de ser el primer día hábil de la semana. Luego con el correr de las horas nos dirigimos rumbo a Zócalo (en el centro de México) donde pudimos apreciar edificios como el de Bellas Artes, el correo o la catedral, así como las muchas iglesias que uno puede encontrar aquí, además de recorrer durante toda la tarde el casco histórico del DF. A pesar de mis ansias por conocer todo lo que me era posible, supimos hacernos una pausa para almorzar en el restaurante de la Academia Mexicana. Hacia la noche nos dirigimos a la condesa para encontrarnos con Ana y Quique, dos amigos de Ivan (mi amigo) que nos esperaban en una pintoresca casa de té, luego decidimos recorrer la zona y nos fuimos a un bar que quedaba cerca, donde comimos ricas tostadas de pulpo que supimos acompañar con unas buenas cervezas, cuando arribó Cesar (el único que faltaba) partimos a un bar en Coyoacán que descubrimos que estaba cerrado motivo por el cual terminamos la noche en la casa de Quique tomando unas buenas chelas y un rico mezcal.
La mañana siguiente no fue fácil, no solo porque el cansancio se había apoderado de mí, sino porque la contaminación ambiental que hay en el DF había empezado hacer efecto en mi cuerpo, de pronto caí preso de mi terrible alergia, fue así que decidimos cancelar el viaje a las pirámides y recorrer un poco la ciudad. La Casa Azul (Museo Frida Kalho) o el Museo de Leon Trosky fueron los lugares más destacados que supimos visitar ese día. Luego volvimos a la casa para preparar el próximo viaje. A eso de las 22.30 partiríamos rumbo a Oaxaca donde pasaríamos los días por venir. No obstante mi estado de salud empezaba e empeorar, la terrible tos hacía que todos se voltearan para verme, a eso se le sumaba un fuerte dolor de cabeza y un estado de congestión que se apoderaba de todo mi cuerpo. La situación empezaba a preocuparme y no veía la hora de dejar el DF para poder escapar de la contaminación ambiental que tanto daño me hacia. De hecho y por un momento pensé en volver a Buenos Aires. Junte coraje y decidimos salir corriendo a la estación de micros, los días venideros me traerían alguna respuesta.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Día 1: La frescura de un domingo espacial

El domingo 19 de diciembre a eso de las 5:30 de la mañana dejé la casa en la que vivo para dirigirme al aeropuerto internacional de Buenos Aires, al llegar y para mi sorpresa descubrí que debía aguardar más de la cuenta. De repente y sin pensarlo, me encontré esperando para hacer el check in en las filas de Avianca (empresa por la que viajaría). Después de hora y media de espera supe que el vuelo no saldría en tiempo y ese sería solo el comienzo. El avión salió con una importante demora tal cual lo suponía, sin embargo la felicidad de emprender este viaje hacía que eso no me importara. Al cruzar por el cielo Boliviano sentimos unas pequeñas turbulencias pero eso no logro intimidarme. Una vez en Bogotá (escala obligatoria) la ansiedad y el cansancio empezaban a pesarme, sin embargo supe sobrellevar otra larga espera con toda dignidad. Entre demoras y trámites, subí al segundo avión, ese que me traería a tierra azteca. El aeronave no había despegado y ya sabía que esas cuatro horas que me separaba de mi destino final no serían fáciles. El clima no era bueno ni en Colombia, ni en México ni en todo el Caribe y eso no era una buena señal. Desde el momento en que despegó el avión hasta llegar al espacio aéreo nicaragüense tuvimos que lidiar con bruscas turbulencias, si bien había viajado en avión durante mucho tiempo, y de hecho es algo que siempre me ha gustado, debo admitir que estaba más que aterrado; nunca había estado en una situación similar. Las turbulencias eran fuertes y muy significativas, pero logramos superarlas, eso si bien me tranquilizo un poco, no calmo mi ansia por pisar tierra. Luego, con el correr de los minutos, al descubrir (vía GPS) que estábamos sobrevolando México, volví a recuperar la sonrisa, pensé que al estar a una hora de aterrizar todo estaría más que bien, pero me equivoqué, las turbulencias volvieron y con más fuerzas. El pánico se había apoderado de mí y de otros pasajeros, sabíamos que todo estaría bien, pero la situación nos incomodaba. por un momento el avión parecía una iglesia un domingo a la mañana, un domingo muy diferente a ese que había dejado horas atrás en Buenos Aires. Los minutos corrían y los nervios se incrementaban, de repente y como si nada, al visualizar la ciudad de México, el avión se estabilizó, minutos más tarde habíamos emprendido el aterrizaje como si nada hubiera pasado. Una vez en tierra no me importó tener que hacer largas colas en migraciones ni para retirar mi equipaje, ni siquiera pasar las revisiones y responder todas las preguntas que me fueron formuladas, a esa altura lo único que me importaba era que estaba en tierra. Al abandonar el aeropuerto, una noche fresca me esperaba, ya no en Buenos Aires sino en México. Ahí empezaría mi viaje.....